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León XIV Habló de María: Por Qué Esto Importa a Cada Cristiano

El miércoles, el Papa habló de María. Y no, no es solo asunto católico

Quiero empezar reconociendo algo que muchos de mis lectores evangélicos van a pensar al ver el título: «¿qué hace una nota sobre el Papa en un portal cristiano que no es católico?». La pregunta es justa. Y la respuesta es: porque el cristianismo es más amplio que la división denominacional, porque lo que el obispo de Roma dice tiene impacto en toda la cristiandad (aunque no lo aceptemos como autoridad), y porque esta semana específicamente dijo algo sobre María que vale la pena examinar bíblicamente.

El miércoles 13 de mayo de 2026, en la audiencia general en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV dedicó su catequesis a María, presentándola como «modelo de la Iglesia, la mujer icono del Misterio», según Vatican News. El día fue elegido a propósito: 13 de mayo es la memoria de la Beata Virgen María de Fátima.

Hoy quiero hablarte de qué dijo el Papa, qué dice la Escritura sobre María, dónde estamos de acuerdo todos los cristianos, y dónde se separan tradiciones, sin gritar a nadie en el camino.

Una fecha elegida a propósito: 13 de mayo en la Plaza de San Pedro

El miércoles 13 de mayo, en la audiencia general semanal, el Papa León XIV centró su catequesis en la figura de María. Tema declarado: «María, modelo de la Iglesia, la mujer icono del Misterio».

El contexto histórico-litúrgico:

  • El 13 de mayo es memoria litúrgica de la Beata Virgen María de Fátima, conmemorando las apariciones marianas de 1917 en Portugal.
  • Las audiencias generales del Papa son una catequesis semanal abierta al público, transmitidas mundialmente.
  • León XIV fue elegido Papa en mayo de 2025 y ha venido construyendo una catequesis sobre eclesiología (qué es la Iglesia) en sus primeras audiencias.

Más allá del catolicismo, el evento es noticia porque cualquier afirmación papal pública sobre María genera tres tipos de reacciones: aceptación devota (mundo católico), incomodidad teológica (mundo evangélico), e indiferencia secular (todos los demás). Esos tres mundos están leyendo el mismo titular esta semana.

Cuatro Marías: de la Theotokos a la sierva del Nuevo Testamento

Sobre el papel de María en la fe cristiana circulan tres lecturas y conviene reconocerlas para entender por qué esto sigue siendo conversación.

La primera lectura es la católica tradicional: María es Madre de Dios (theotokos), modelo de obediencia, mediadora de gracias, intercesora privilegiada. La devoción mariana es central, no periférica.

La segunda lectura es la evangélica histórica: María es una mujer especial, la madre humana de Jesús, escogida por Dios, ejemplo de fe y humildad. Pero no es objeto de oración, no es mediadora, no es co-redentora. La Reforma se construyó en gran parte sobre esa distinción.

La tercera lectura es la mariana exagerada, presente en algunos sectores populares: María como cuasi-divinidad, recipiente de oraciones, fuente de milagros por sí misma. Esa lectura no es la enseñanza oficial católica, pero sí circula y conviene nombrarla porque genera confusión legítima en los evangélicos.

Hay una cuarta lectura, la bíblica honesta, que ningún bando suele defender bien: María es una mujer real, joven, valiente, profundamente teológica, ejemplar para todos los cristianos en su obediencia, y necesariamente subordinada a Cristo, a quien apunta. Esa es la María del Nuevo Testamento.

Doulé: la palabra griega detrás del ‘sí’ de una adolescente

«María dijo: ‘-Aquí tienes a la sierva del Señor. Que él haga conmigo como me has dicho.’ Con esto, el ángel la dejó.», Lucas 1:38 (RVR1960)

Lucas registra el momento clave. Una adolescente de Nazaret, ante un anuncio que cambiaría la historia, responde con una frase que define lo que es ser cristiano: «que él haga conmigo como me has dicho». La palabra griega que se traduce «sierva», δούλη (doulé), significa esclava, sierva con dueño. María no se presenta como protagonista. Se presenta como sierva con un Señor.

Cualquier teología sobre María que la separe de esa autodefinición pierde el norte. Y cualquier reacción evangélica que ignore lo que María sí es, la primera discípula, la primera creyente del Nuevo Testamento, la primera teóloga que canta el Magnificat, también pierde el norte.

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