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León XIV: la liturgia no es decorado, es la puerta

Quiero empezar reconociendo lo obvio

Quiero empezar reconociendo algo que muchos de mis lectores evangélicos van a pensar al ver el título: «¿qué hace una nota sobre el Papa en un portal cristiano que no es católico?». La pregunta es justa. La respuesta también. SegundoToque es un medio evangélico que mira con seriedad lo que pasa en la iglesia global, y lo que el Papa dice en una audiencia general llega a más oyentes que la mayoría de los predicadores de habla hispana puestos juntos. No leerlo es un acto de provincianismo. Leerlo con discernimiento, en cambio, es trabajo cristiano serio.

El miércoles 3 de junio, en la Plaza de San Pedro, León XIV dedicó su catequesis a un tema que parece técnico pero no lo es: la liturgia. Fue la tercera de una serie sobre el Concilio Vaticano II, centrada en la constitución Sacrosanctum Concilium. Lo que dijo, traducido a la pregunta que importa a cualquier cristiano, fue esto: la liturgia no es la decoración del culto. Es la forma misma en que la iglesia recibe a Dios.

Esa frase tiene consecuencias para católicos, ortodoxos y evangélicos. Las tres tradiciones harán cosas distintas con ella. Pero el lector evangélico que la escuche con humildad descubrirá que algo de lo que el Papa describe es lo que su propia iglesia perdió hace décadas y todavía no sabe cómo recuperar.

Lo que dijo León XIV el 3 de junio

Según Vatican News, León XIV recorrió en papamóvil la plaza antes de la catequesis, abrazó a niños, saludó a peregrinos. Después subió a la sede y dijo lo siguiente, con sus propias palabras: «Los ritos de la liturgia cristiana son, en la práctica, la mediación eclesial mediante la cual el don divino nos alcanza, y no un revestimiento externo del misterio sacramental».

Detrás de esa frase hay un debate viejo. Algunos sectores de la iglesia, especialmente en la modernidad, han tendido a tratar la liturgia como un decorado que envuelve, y a veces oscurece, lo que verdaderamente importa: una experiencia interna del corazón con Dios. La crítica suena familiar. El cristiano evangélico hispano oye eco de sus propios pastores cuando dicen «lo que importa no es la forma, es el corazón».

León XIV no pone en duda la importancia del corazón. La pone en su lugar. El corazón humano necesita formas concretas para encontrarse con el Misterio. Y esas formas, dice el Papa, no son adorno. Son el modo en que la Iglesia, durante dos mil años, ha aprendido a recibir a Cristo y a entregarse a él.

«La experiencia de una liturgia viva y devota, acompañada por una catequesis mistagógica adecuada, es el mejor recurso para despertar en todos esa apertura al encuentro con Dios», dijo el Papa, según el reporte oficial.

Por qué la frase importa fuera de Roma

He estado siguiendo el primer año de León XIV con atención. Su pontificado tiene un acento particular: la disciplina interior de la iglesia, la formación litúrgica, la sobriedad pastoral. Su encíclica Magnifica Humanitas (15 de mayo de 2026) ya había puesto el dedo en la sociedad técnica que pierde su humanidad. La catequesis del 3 de junio mira el otro lado: una iglesia que pierde su forma cuando se piensa puramente afectiva.

Esa preocupación no es exclusiva de Roma. Las iglesias evangélicas hispanas llevan décadas, en muchos casos, oscilando entre dos extremos. De un lado, un culto reducido a producción y emoción, donde lo importante es la atmósfera. Del otro, una sobriedad que se quedó sin imaginación, donde lo importante es el sermón doctrinalmente correcto y nada más. Ambos extremos, vistos a la luz de lo que el Papa dijo, comparten un mismo error: tratan la forma como secundaria. Y la forma no es secundaria.

Cuando una iglesia evangélica se reúne, hay forma. La pregunta no es si la hay, sino si esa forma es consciente, formativa y reverente, o si es accidental, improvisada y pragmática.

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