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Una de Cada Seis: Lo Que la Infertilidad Le Pide a la Iglesia Hoy

Una cifra me detuvo esta semana: una de cada seis

Esta semana volví a leer la cifra de la Organización Mundial de la Salud, y me senté a sostenerla en silencio. No tiene nada de nuevo, en el sentido de que el dato lleva años circulando. Pero esta semana cae distinto, porque el 4 de junio se conmemoró el Día Internacional de la Fertilidad, y porque en Latinoamérica hay mucho dolor escondido detrás de esa fecha que casi nadie nombra.

Una de cada seis parejas en edad reproductiva, según la OMS, vive infertilidad. No es metáfora ni ronda. Es la cifra global que la organización dimensiona como problema de salud pública. En América Latina, las estimaciones nacionales suelen ser un poco mayores. En la República Dominicana, Profamilia calcula que entre el 15 y el 20 por ciento de las parejas dominicanas enfrenta el problema, y en 2025 atendió 117 procesos de inseminación artificial, 233 consultas de fertilidad masculina y 2.519 consultas generales en el área.

Si lees esta página en una sala de espera, en una cafetería, en el bus, mira a tu alrededor. Una de cada seis parejas. Eso significa que en la iglesia donde te congregas el domingo, sentadas en las bancas, hay parejas que aún no han contado lo que cargan.

El dolor del que casi nadie habla en la iglesia

Hay mujeres en tu congregación que llevan años cargando un dolor que casi nadie nombra. Tienen una bolsa pequeña, dentro del bolso grande, donde guardan los test de embarazo que vienen siempre con la misma palabra. Tienen una conversación pendiente con su esposo que postergan porque el dolor pesa más cada vez. Tienen una hermana de la iglesia que les preguntó, en una merienda, «¿y ustedes para cuándo?», y se fueron al baño a llorar.

La Organización Mundial de la Salud define la infertilidad como la incapacidad de lograr embarazo después de doce o más meses de relaciones sexuales sin protección. La cifra global, según el último informe técnico de la OMS, se ubica en torno al 17,5 por ciento de la población adulta en edad reproductiva. Y la organización subraya algo que el lector cristiano latino conviene oír: el acceso a tratamiento es muy desigual. En la mayoría de los países de ingreso medio y bajo, las parejas pagan de su bolsillo los tratamientos, y un solo ciclo de fertilización in vitro puede costar entre US$3.000 y US$10.000, sin garantía de éxito.

Pongamos esa cifra cerca: en Colombia, eso es entre 12 y 40 millones de pesos colombianos. En México, entre MXN$60.000 y MXN$200.000. En Argentina, donde la Ley 26.862 cubre desde 2013 algunos procedimientos, todavía hay listas de espera de meses y procesos que se interrumpen. Para muchas familias latinoamericanas, el tratamiento no es opción real. El dolor, en cambio, es real.

La trampa de los dos discursos cristianos

En el mundo cristiano hispano hay dos modos comunes, e igualmente dolorosos, de tratar este tema. El primero es el silencio, como si no existiera. El segundo es la fórmula automática, como si todo se resolviera con una frase: «Dios tiene tiempos perfectos», «Ana también tardó», «ten fe y verás».

Las dos posturas hieren. La primera abandona. La segunda apura una sanidad que no llega.

Seis mujeres que oraron, esperaron y lloraron

Cuando la Biblia habla de infertilidad, no la trata como un detalle decorativo. La trata como uno de los hilos largos del relato. Sara, Rebeca, Raquel, Ana, la esposa de Manoa, Elisabet. Mujeres concretas, con nombres concretos, que oraron, que esperaron, que lloraron, que a veces respondieron mal por la presión. La Escritura no las idealiza. Las muestra en su humanidad cruda. Y eso, en sí mismo, es pastoral.

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María Paulina Arias
María Paulina Arias
Co-autora SegundoToque.news. Firma: Familia y Vida, Economía y Trabajo, Sociedad y Cultura, Persecución y Libertad Religiosa.

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