A los 14 años, lo decapitaron por no negar a Cristo
Si abriste calendario litúrgico el martes 12 de mayo, viste el santoral del día: San Pancracio, mártir. La mayoría de cristianos hispanos lo nombra sin saber nada de él. Hoy quiero contarte su historia, porque a una iglesia que ha perdido la noción de lo que cuesta seguir a Cristo, un adolescente del siglo IV puede recordársela.
Roma, año 304: catorce años y una decisión
El 12 de mayo es la memoria litúrgica de San Pancracio, mártir en Roma alrededor del año 304 d.C., bajo el emperador Diocleciano. Lo que la tradición cristiana recuerda:
- Originario de Frigia (actual Turquía), huérfano joven.
- A los 14 años vivía en Roma bajo la tutela de su tío Dionisio.
- Convertido al cristianismo durante la peor persecución del Imperio Romano.
- Diocleciano le ofreció riqueza si renegaba de Cristo. Pancracio se negó.
- Decapitado en la Vía Aurelia el 12 de mayo del año 304.
- Sus restos fueron sepultados por una matrona cristiana llamada Octavila.
Catorce años. Esa es la edad de muchos hijos e hijas de mis lectores hoy. La pregunta que me hizo este santoral es simple y demoledora: ¿qué le estamos enseñando a nuestros hijos sobre lo que cuesta seguir a Jesús?.
Tres formas de mirar el martirio, y la que importa hoy
Sobre el martirio circulan tres lecturas en los medios cristianos hispanos.
La primera, devocional simplificada: el martirio es heroísmo de otra época. Hoy ya no aplica.
La segunda, escéptica: probablemente la historia de Pancracio es leyenda inflada. No hay evidencia histórica robusta de los detalles.
La tercera, bíblicamente honesta: el martirio sí sigue ocurriendo (4.849 cristianos asesinados en 2024-2025, 13 por día), pero también hay un martirio menor, el de la fidelidad cotidiana en una cultura que premia la traición a Cristo. Y esa segunda forma de martirio es la que tu hijo va a enfrentar mucho antes que la primera.
El estándar incómodo de Mateo 10
«El que ame a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que ame a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí.», Mateo 10:37-38 (RVR1960)
Jesús dijo esto a sus discípulos antes de enviarlos. La palabra griega para «digno» (áxios) implica adecuación, peso suficiente. Jesús está estableciendo un estándar incómodo: el amor a Él debe pesar más que cualquier otro amor, incluso el familiar.
Pancracio a los 14 años entendió eso. La pregunta es si los hijos de nuestra generación lo van a entender o no, en una cultura que les enseña a poner casi todo por encima de Cristo.
This content is restricted to subscribers



