Lees que un virus de animales infectó por primera vez a una persona, y el cuerpo se pone en alerta antes de entender nada. Dos renglones más abajo te dicen que no hay riesgo para la población general, y respiras.
En ese respiro cabemos casi todos.
Casi.
El jueves 22 de octubre, los ministerios de Sanidad y de Agricultura de Francia confirmaron en un comunicado conjunto el primer caso humano documentado del virus Shamonda. DW recoge sus palabras: fue "un caso excepcional que se produjo en un paciente gravemente inmunodeprimido". Estaba hospitalizado en Lyon por una patología severa y "falleció a inicios de octubre".
Hasta ahora, el Shamonda era un asunto del ganado. Se detectó por primera vez en Nigeria a mediados de los años sesenta, y se consideraba no transmisible a los humanos, recuerda Europa Press. Lo transmiten unos mosquitos diminutos del género Culicoides, que El País llama jejenes. En Europa se confirmó a finales de julio, tras pruebas genómicas en ganado enfermo del sur de Alemania, de Suiza y del este de Francia, informa Reuters en Al Jazeera.
La hipótesis de las autoridades es "una transmisión mediante la picadura de un mosquito del género Culicoides en el este de Francia". Sobre la muerte hablan con cuidado: las complicaciones cerebrales del paciente "estarían, con toda probabilidad, relacionadas con la infección", precisaron los dos ministerios. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) añade que sigue en investigación si el virus causó o contribuyó a la muerte del paciente, y cómo se infectó.
Y luego viene la frase que tranquiliza: "hasta el momento no se ha identificado ningún riesgo sanitario para la población en general".
El Mundo describe lo que pasa en la calle con estas noticias. "Cada vez que surge un virus nuevo se genera cierta inquietud en la opinión pública, sobre todo tras la experiencia vivida en los últimos años con otras crisis sanitarias", escribe.
Esa inquietud tiene dos salidas, y las dos son muy humanas. Una es el susto que reenvía el titular sin leer el resto. La otra es más silenciosa: el alivio de saber que el riesgo quedó lejos, que nos deja pasar la página.
Y en Lyon, a principios de octubre, murió un hombre.
¿Cómo se recibe una noticia que tranquiliza a casi todos sin pasar de largo junto al que quedó en ese casi?
Segundo toque
El lugar que el hombre dejó
El hombre de Lyon estaba en un hospital, atendido. La distancia que me inquieta está en la atención de quien lee el comunicado, se tranquiliza y sigue con su día. También en la mía.



