El miércoles, dos hombres se sentaron en China. América Latina estaba en la conversación, aunque no en la mesa
He estado siguiendo esta historia hace meses y sigue siendo asombroso lo poco que se está hablando de ella en los medios cristianos hispanos. El miércoles 13 de mayo, Donald Trump y Xi Jinping se reunieron en China. La agenda era amplia. Pero en uno de los puntos de esa agenda, los aranceles, las cadenas de suministro, los puertos estratégicos, había un nombre que se repetía sin que nadie nuestro estuviera ahí: América Latina.
Quiero contarte qué pasó, qué significa para nuestro continente, y qué dice la Escritura sobre cómo se debería leer una noticia así desde la fe. Porque hay una manera cristiana de pensar geopolítica, y casi nadie la enseña.
Argentina con Washington, Colombia con la Franja y la Ruta: el reacomodo que nadie votó
Según CNN en Español, en la reunión Trump-Xi del 13 de mayo, América Latina apareció como pieza de un tablero geopolítico más grande:
- Argentina, bajo el gobierno de Javier Milei, ha apostado por un fuerte alineamiento con Washington, especialmente en lo discursivo.
- Colombia, históricamente uno de los aliados más estrechos de Estados Unidos, profundizó vínculos con China bajo Gustavo Petro, firmando un acuerdo de intención para unirse a la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
- México, con Claudia Sheinbaum, intenta una posición intermedia: aborda a Trump con lo que ella llamó "cabeza fría", mientras los críticos la acusan de "ceder". Esta semana respondió a las acusaciones de Trump sobre que México "es gobernado por los cárteles" mostrando reducción del 40% en homicidios dolosos y confiscaciones récord de fentanilo.
- En el trasfondo: una controversia regional sobre desinformación, con audios filtrados que vincularían a Milei con una inversión de US$350.000 destinada a campañas mediáticas contra Sheinbaum y Petro (denuncia no confirmada por su entorno; según reportes de Página/12 y La Jornada).
La región se mueve en bloques que no eligió. Y los cristianos que viven en ella, también.
Aranceles, tribus o el trono de Dios: tres formas de leer la misma reunión
Sobre esta reunión y el nuevo orden regional circulan tres lecturas en los medios. Conviene reconocer las tres.
La primera es la estratégica fría: hablar de aranceles, puertos, cadenas de litio, alianzas comerciales. Es útil para contexto, pero deja afuera la dimensión moral.
La segunda es la tribalista: cada presidente se vuelve héroe o villano según al lector. Petro es traidor o profeta. Milei es libertador o vendido. Sheinbaum es prudente o sumisa. Esta lectura, cuando aparece en medios cristianos, corre el riesgo de no distinguirse del análisis tribal secular.
La tercera lectura, la que tu fe necesita, es la bíblica: hay un Dios que pone y depone reyes (Daniel 2:21), que mueve corazones de gobernantes como mueve cursos de agua (Proverbios 21:1), y que llama a los cristianos a algo más alto que aplaudir o cancelar, los llama a orar por todos los gobernantes y a vivir como ciudadanos de otro Reino.
Peleg: el acueducto que Dios talla en el corazón de los reyes
"El corazón del rey está en la mano del Señor; es como río que él dirige hacia donde quiere.", Proverbios 21:1 (RVR1960)
Salomón escribió esto en una época donde los reyes eran absolutos. Y la imagen es asombrosa: el rey más poderoso del momento no es más que un curso de agua que Dios redirige. La palabra hebrea para "río", peleg, implica un canal artificial, un acueducto, algo que el ingeniero diseña. Dios no es un observador del corazón de los reyes, es el ingeniero que canaliza ese corazón hacia donde Él quiere.
Esto se aplica directamente a Trump, a Xi, a Milei, a Petro y a Sheinbaum. Cada uno cree que está tomando decisiones libres. Y en cierto sentido lo están. Pero por encima de cada decisión hay una mano que está canalizando esos cursos para fines que solo se ven con el segundo toque.
Orar por Nerón: lo que Pablo pidió bajo el emperador que lo mataría
Tres pasajes nos dan profundidad sobre este momento sin caer en la tribalización.
"Recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, especialmente por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna.", 1 Timoteo 2:1-2 (RVR1960)
Pablo escribió esto a Timoteo bajo el imperio de Nerón. Nerón. El mismo que poco después mandaría a decapitar a Pablo. Y el mandato es asombrosamente claro: ora por los gobernantes, no contra ellos. No dijo "ora para que te gusten". No dijo "ora si te gusta su partido". Dijo "ora por ellos, especialmente". La razón es práctica: para que la iglesia pueda vivir en paz y dedicarse a lo suyo.
Si esta semana criticaste a Milei, a Petro, a Trump, a Sheinbaum, a Xi, pregúntate si oraste por ellos con la misma intensidad. Pablo te diría que no. Y Pablo tendría razón.
"Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él.", Romanos 13:1 (RVR1960)
Pablo escribió esto, otra vez, bajo Nerón. La enseñanza es delicada y necesita oírse en su contexto: la autoridad legítima tiene origen divino. Eso no significa que toda decisión de gobierno sea aprobada por Dios, significa que la estructura misma de la autoridad civil viene del Creador, como instrumento para hacer justicia.
Abraham Kuyper, el teólogo y estadista holandés, llevó esta idea hasta sus consecuencias: "No hay una pulgada cuadrada del universo sobre la cual Cristo no diga: es mío". Eso incluye la mesa donde Trump y Xi se reunieron este miércoles. Y eso incluye la oficina del presidente de tu país, hoy.
"Daniel respondió: 'El nombre de Dios sea bendito de siglo en siglo, porque suyos son el poder y la sabiduría. Él cambia los tiempos y las épocas, pone y depone reyes.'", Daniel 2:20-21 (RVR1960)
Daniel pronunció estas palabras desde el exilio, en la corte de Babilonia. Bajo Nabucodonosor, el rey que había arrasado Jerusalén. Y Daniel afirma que incluso ese rey estaba en la mano de Dios. No porque Dios aprobara la conquista. Porque Dios estaba usando incluso esa historia para fines más grandes.
Francis Schaeffer insistía en una distinción crucial: la idea que Francis Schaeffer desarrolla en A Christian Manifesto: la autoridad existe para hacer justicia, y cuando una autoridad se vuelve injusta, pierde legitimidad en ese punto específico. No deja de ser autoridad en todo, pero pierde su legitimidad cuando ordena hacer mal. Esa distinción sostuvo a los mártires cristianos durante veinte siglos.
La oración que tu bando no te va a pedir que hagas
Hay cuatro cosas concretas que puedes hacer esta semana.
Ora por todos los presidentes de tu región, no solo por el que te gusta. Si tu corazón se inclina hacia uno, ora más por los otros. Trump, Sheinbaum, Petro, Milei, Lula, Boric, Bukele, Maduro. Ora por sabiduría real para ellos, no por la victoria de tu bando. "Especialmente por los gobernantes", dijo Pablo.
Distingue ideas de personas. Critica decisiones políticas. Critica leyes injustas. Pero no caricaturices a las personas. El presidente con el que estás en desacuerdo es también imagen de Dios. Eso obliga a un nivel de respeto que falta en la conversación pública latinoamericana hoy.
No le entregues tu fe a un partido. Esta es la trampa más sutil. Si tu identidad cristiana se vuelve indistinguible de tu afiliación política, algo se rompió. El Reino de Dios no cabe en un partido. Y un cristiano que llora cuando pierde una elección y se ríe cuando gana otra, ha confundido al César con Cristo.
Forma tu mirada con autores serios. No te informes sólo con tu burbuja. Lee a Kuyper, a Schaeffer, a John Stott sobre fe y política. Vas a salir con una perspectiva que casi ningún noticiero te va a dar.
Cinco minutos, un nombre y un apellido
Esta semana, antes de cerrar el día, dedica cinco minutos a orar, con nombre y apellido, por el presidente de tu país. Pídele a Dios sabiduría para él o ella. Pídele que la justicia florezca bajo su gobierno. Pídele que tu país encuentre el camino del Señor.
Y si te cuesta orar por ese presidente, más todavía. Esa es exactamente la oración que te falta hacer.
¿Cuándo fue la última vez que oraste por un gobernante con quien no estás de acuerdo, pidiéndole a Dios sabiduría real para él?



