Biblia abierta — historia de San Matías, apóstol fiel. Foto: Pexels.

San Matías Hoy: La Iglesia Recuerda al Apóstol Que Casi Nadie Conoce

Hoy es San Matías. Y casi nadie sabe quién fue el apóstol número trece

Si abres el calendario litúrgico este jueves 14 de mayo, verás la fiesta de San Matías Apóstol. La mayoría de cristianos hispanos puede nombrar a los doce, Pedro, Juan, Santiago, etcétera, pero se traba si pregunto: "¿quién reemplazó a Judas Iscariote?".

La respuesta es Matías. Su historia es breve. Cabe en doce versículos de Hechos. Y aun así, hay algo en esa historia que necesita oír cualquier cristiano hispano que se siente "poco visible" en la iglesia.

Ciento veinte personas, dos candidatos, una suerte: así nació el apóstol trece

El 14 de mayo es la fiesta de San Matías Apóstol en el calendario católico romano. La iglesia ortodoxa lo conmemora el 9 de agosto. Las distintas tradiciones, católica, luterana, anglicana, ortodoxa, coinciden en que Matías es apóstol y mártir.

Lo que la Escritura dice de él aparece en Hechos 1:15-26. Después de la ascensión de Jesús, Pedro convoca a los discípulos en el aposento alto. Necesitan reemplazar a Judas Iscariote, que había traicionado a Jesús y luego se quitó la vida. El requisito que pone Pedro, registrado en Hechos 1:21-22, es estricto: alguien que hubiera estado con ellos desde el bautismo de Juan hasta la ascensión, testigo presencial de la resurrección.

Solo dos personas, en una comunidad de ciento veinte, calificaban: José Barsabás, apodado Justo, y Matías. Los apóstoles oran, echan suertes, y la elección recae sobre Matías. A partir de ese día, queda contado entre los doce.

La tradición sostiene que Matías predicó en Capadocia, Etiopía, e incluso Georgia. Y murió mártir, apedreado o crucificado según las versiones.

Lo que no aparece en Hechos: ni una sola palabra suya registrada. Matías es el apóstol que aparece una vez, recibe el cargo, y desaparece de la narrativa bíblica. Y aun así, fue fiel hasta la muerte.

Azar, piedad plana o algo más: tres lecturas de un texto incómodo

Sobre Matías circulan tres lecturas comunes.

La primera, escéptica histórica: la elección fue al azar (literalmente, echaron suertes), por lo tanto no representa un modelo replicable de discernimiento eclesial. Hechos lo cuenta y nunca lo retoma.

La segunda, devocional simplificada: Matías fue elegido por Dios, así que los méritos humanos no importan, solo importa que Dios escoge a quien quiere. Lectura piadosa pero plana.

La tercera, bíblicamente honesta: Matías representa a todos los discípulos fieles que nunca aparecen en titulares. La iglesia hispana del 2026 está llena de Matías, fieles, comprometidos, invisibles. Y necesita escuchar que su fidelidad importa, aunque no salga en la foto.

Diez días sin el Espíritu Santo: la decisión que la iglesia tomó a ciegas

Hechos 1 es un texto bisagra. Lucas, que escribe a un funcionario romano llamado Teófilo, está sosteniendo un puente narrativo entre la ascensión de Jesús y Pentecostés. Diez días en los que la iglesia naciente, sin Espíritu Santo todavía derramado, toma una de sus primeras decisiones de gobierno. Ese detalle no es menor. La elección de Matías ocurre antes de Pentecostés. Después de Hechos 2, nunca más se vuelve a echar suertes en la Iglesia: el Espíritu dirige por otros medios.

"Luego echaron suertes y la elección recayó en Matías; así que él fue reconocido junto con los once apóstoles.", Hechos 1:26 (RVR1960)

Lo que Lucas registra aquí no es azar disfrazado de espiritualidad. Es una comunidad en oración pidiendo a Dios que se manifieste, antes de tener la guía interior del Espíritu. La fidelidad de Matías ya estaba probada por años de seguimiento. La suerte solo confirmó lo que tres años de discipulado habían formado. Esa es la primera pista de algo que esta noticia abre y que la zona premium del artículo desarrolla.

Cuatro pasajes para los Matías que nadie nombra

Cuatro pasajes para sostener la vida de los Matías invisibles. No los pongo en orden devocional. Los pongo en orden de profundidad creciente.

1. El requisito olvidado: Hechos 1:21-22

"Por tanto, es preciso que se una a nosotros uno de los que nos acompañaban todo el tiempo que el Señor Jesús vivió entre nosotros, desde que Juan bautizaba hasta el día en que Jesús fue tomado de entre nosotros y recibido en las alturas.", Hechos 1:21-22 (RVR1960)

Lucas escribe esto a Teófilo, alrededor del año 62 d.C., treinta años después de los hechos. La iglesia ya está esparcida por el Imperio. Lucas, médico gentil convertido por Pablo, deja casi sin querer una pista sobre el liderazgo cristiano que el siglo XXI olvidó: Pedro no pidió talento. Pidió presencia sostenida.

Tres años. Bautismo de Juan hasta la ascensión. No clases de oratoria, no plataforma, no carisma. Acompañamiento. R. C. Sproul, hablando sobre el discipulado, enseñaba algo cercano a esto: la iglesia moderna suele confundir dones con carácter, y Hechos 1 es un correctivo: los apóstoles eligieron al que llevaba más tiempo siguiendo, no al que sonaba mejor.

Si tú eres el creyente que lleva quince años en la misma iglesia local sin un solo cargo público, ese pasaje te describe. Matías también lo fue. Y es apóstol.

2. La lógica al revés de Dios: 1 Corintios 1:27-28

"Pero Dios escogió lo tonto del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es.", 1 Corintios 1:27-28 (RVR1960)

Pablo escribe esto desde Éfeso, alrededor del año 54 d.C., a una iglesia partida en facciones. Corinto era una ciudad portuaria, comercial, presumida de su sabiduría griega y sus oradores famosos. Los corintios estaban midiendo a sus líderes cristianos como si fueran filósofos: ¿Apolos suena mejor que Pablo? ¿Pedro impone más que ambos? Pablo les corta el debate de raíz. Dios no escogió por currículum.

La palabra griega que Pablo usa para "lo tonto" (tà mōrà) es de donde viene "moronía". Lo tonto, lo necio, lo que la sociedad descarta. Esa es la materia prima de Dios. Y el versículo siguiente endurece la apuesta: lo que no es nada (tà mḕ ónta), literalmente "los que no existen", para anular lo que es.

Matías no aparece en ninguna lista importante. Pedro escribe cartas. Juan escribe el Apocalipsis. Pablo escribe trece epístolas. Matías escribe cero, o al menos cero quedó. Y aun así está sentado en el aposento alto el día de Pentecostés. La lógica de Corintios explica la elección de Hechos: Dios escogió a uno que aparentemente "no era nada" para que la apostolicidad de la iglesia no descansara sobre celebridades.

3. La trompeta que no se toca: Mateo 6:1-4

"Cuídense de no hacer sus obras de justicia delante de la gente para llamar la atención. Si actúan así, su Padre que está en el cielo no les dará ninguna recompensa. Por eso, cuando des a los necesitados, no lo anuncies al son de trompeta, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente les rinda homenaje.", Mateo 6:1-4 (RVR1960)

Jesús dice esto en el Sermón del Monte, en una colina cerca de Capernaúm, frente a una multitud de campesinos galileos. La audiencia es gente común, no fariseos. Pero la denuncia apunta a una práctica que la gente común conocía perfectamente: los fariseos que se aseguraban de hacer ruido cuando daban limosna, para que la sinagoga los notara.

La palabra griega que Jesús usa para "hipócritas" (hypokritaí) significaba originalmente "actores de teatro", los que se ponían una máscara para hablar en el escenario. Jesús no está diciendo que los fariseos sean malas personas. Está diciendo que están actuando, no orando, no dando, no sirviendo. John Stott plantea en su comentario sobre el Sermón del Monte una prueba cercana a esta: si pierdes el reconocimiento humano y te quedas sin motivación, la pregunta es a quién estabas sirviendo en realidad.

Matías nunca tocó trompeta. Por eso lo perdimos del relato. Y por eso, según la lógica de Mateo 6, ya recibió la recompensa que Jesús prometió: la del Padre que ve en secreto.

4. La nube que nadie alcanza a nombrar: Hebreos 12:1

"Por tanto, también nosotros que estamos rodeados de una nube tan grande de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.", Hebreos 12:1 (RVR1960)

Hebreos es una carta anónima, escrita probablemente antes del año 70 d.C., dirigida a cristianos de origen judío tentados a volver al judaísmo tradicional para escapar de la persecución romana. El autor pasa todo el capítulo 11 listando héroes de la fe del Antiguo Testamento: Abel, Enoc, Noé, Abraham, Sara, Moisés, Rahab. Y al llegar a Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, el autor escribe algo extraordinario en Hebreos 11:32: "el tiempo me faltaría para contar acerca de...". Hay tantos fieles que la lista se rinde.

Esa es la nube de testigos. La palabra griega néphos significa multitud difusa, sin contornos definidos. Una nube no se cuenta por individuos. Se ve como masa luminosa. Y ese es exactamente el punto: la mayoría de los fieles de la historia de la iglesia no tienen nombre. Forman nube, no biografía.

Matías es el primer Matías de esa nube en el Nuevo Testamento. Y detrás de él vienen dos mil años de cristianos cuyos nombres nadie recuerda en la tierra y todos se recuerdan en el cielo. C. S. Lewis, en El Peso de la Gloria, decía que el cristiano más insignificante que has visto en tu iglesia local es, en términos eternos, alguien tan glorioso que si lo vieras ahora caerías de rodillas. Esa frase no es exageración devocional. Es Hebreos 12:1 dicho con otras palabras.

'Gracias por lo que haces. Te veo': tres pasos para esta semana

Tres cosas concretas esta semana.

Si te sientes invisible en tu iglesia, recuerda a Matías. Los nombres de los Matías de este siglo se sabrán en la eternidad. La fidelidad ahora importa, aunque no aparezca en ninguna foto de redes sociales.

Honra a los Matías de tu iglesia. Piensa en una persona de tu comunidad que sirve fielmente sin reconocimiento: el que abre el templo los domingos, la que prepara el café, el ujier, la maestra de niños. Mándale un mensaje esta semana. "Gracias por lo que haces. Te veo". Eso forma cuerpo. Eso es Mateo 6:1-4 puesto al revés: si ellos no tocan trompeta, alguien tiene que recordarles que el Padre los ve.

Estudia biografías de discípulos invisibles. No solo los famosos. Hugh Latimer y Nicholas Ridley, mártires de la Reforma inglesa. Hermano Andrés, contrabandista de Biblias detrás de la Cortina de Hierro. María Skobtsova, monja rusa que murió en Ravensbrück. Vidas que la prensa de su época no cubrió y que la eternidad sí.

Los nombres que solo el Padre escuchó

Hay preguntas que no necesitan respuesta inmediata. Necesitan compañía. La iglesia hispana cargada por miles de Matías anónimos no busca que le expliquemos por qué Dios no los hizo Pedros. Busca que oremos con ellos. Esta semana, antes de tener una opinión sobre el discipulado invisible, considera tener una oración por uno de ellos.

Imagina la escena. Aposento alto. Ciento veinte personas. Diez días después de la ascensión, diez días antes de Pentecostés. Pedro propone el reemplazo de Judas. Salen dos nombres. Echan suertes. Cae sobre Matías. Y entonces el relato pasa a Hechos 2 y el viento del Espíritu se lleva la atención hacia el día más ruidoso de la historia de la iglesia. Matías nunca vuelve a aparecer.

Y tal vez ese silencio sea, en sí mismo, su predicación más fuerte. Porque cuando llegues a la eternidad y veas a Matías sentado junto a Pedro y junto a Pablo, vas a entender algo que esta vida no terminó de enseñarte: que Dios contó historias en voz baja sobre gente que la iglesia nunca alcanzó a nombrar. Y que la nube de testigos no canta los nombres de los famosos. Canta los nombres que se susurraron en oraciones que solo el Padre escuchó.

¿Cuál es el nombre del Matías por el que vas a orar esta noche, antes de dormir?