De todo lo que mostraron los videos de Santa Marta, un detalle se quedó con la conversación: la pistola en la cintura del presidente. Es una imagen que se lee en un segundo, a favor o en contra.
Yo también reaccioné rápido al verla. Preferí dejar quieta esa reacción y leer primero lo que pasó en la ciudad.
El paro armado comenzó el lunes 21 de septiembre, tras la muerte de alias Cholo, a quien El País describe como el segundo al mando de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN). Hubo vehículos incendiados, comercios cerrados por amenazas y colegios sin clases. Según la Cámara de Comercio de Santa Marta, citada por ese diario, cada día de parálisis cuesta cerca de 39.500 millones de pesos (más de 12 millones de dólares).
La noche del 22 de septiembre, el presidente Abelardo de la Espriella llegó a la ciudad para liderar un Puesto de Mando Unificado y recorrer barrios con chaleco antibalas. El Tiempo conoció que el arma que llevaba en la cintura era una Glock, y que quedó registrada en fotos y videos publicados en las cuentas del propio presidente. BBC Mundo describe esos videos: aparece armado, recorriendo barrios y acompañando a los más de 1.000 uniformados desplegados.
El 25 de septiembre, la gobernadora del Magdalena, María Margarita Guerra, confirmó que el paro había terminado, según El Espectador. Ese día el presidente encabezó en la ciudad un consejo de seguridad. En una declaración en Santa Marta que Semana publicó el 26 de septiembre, preguntado por quienes lo critican por andar con pistola en los operativos, respondió: "Que sigan criticando, que eso me impulsa".
Un mismo gesto, dos preguntas legítimas
Quienes respaldan al presidente ven en la pistola una forma de presencia. "Llegué a Santa Marta a poner la cara, a caminar sus barrios junto a la gente", afirmó él mismo, según El Tiempo. El ministro del Interior, Rodrigo Lara, lo defendió en otra nota del mismo diario: "Es un presidente que está en terreno, que está enfrentando a los criminales directamente en las calles de Santa Marta". Varios abogados consultados por El Tiempo sostienen que puede portarla si cuenta con la autorización correspondiente.
Quienes lo cuestionan ven un mensaje. Kenneth Burbano, decano de Derecho de la Universidad Libre, explicó a El Tiempo que el presidente no adquiere estatus de militar y queda sujeto a las normas para civiles, entre ellas el Decreto 2535 de 1993, que prohíbe el porte ostentoso. "Como máxima autoridad civil, debe representar la primacía de la ley y la palabra sobre la fuerza", añadió. La defensora del Pueblo, Iris Marín, dijo a Noticias Caracol, según Infobae, que estar armado "lo muestra como un combatiente" y que el jefe de Estado es la imagen "de la prevalencia de la vida".
Los analistas que consultó la BBC coinciden en algo y difieren en otro. Gerson Arias, de la Fundación Ideas para la Paz, cree que la estrategia puede funcionar a corto plazo y darle credibilidad al presidente. Tiziano Breda, de ACLED, coincide en el corto plazo, aunque opina que la presencia del presidente en la ciudad "abona muy poco a la estrategia de contención", y se pregunta cuál es la estrategia prolongada para desmantelar a un grupo con cientos de integrantes.
Debajo del debate legal queda otra pregunta, más vieja que Colombia: ¿de dónde le viene la seguridad a una ciudad? Un antiguo cántico de los peregrinos la plantea sin rodeos: "Si el Señor no cuida la ciudad, en vano hacen guardia los vigilantes" (Salmo 127:1, NVI).
Segundo toque
Oraron, y también montaron guardia
El salmo cuenta con el vigilante y le pone un límite. En el libro de Nehemías esa tensión se vive con herramientas en la mano.



