Un informe universitario se lee en una oficina de Bogotá, pero se discute de verdad en la mesa de una casa donde alguien de grado once tiene que decidir qué hacer el próximo año, y donde tal vez su papá nunca terminó la primaria.
El 27 de septiembre, Semana y La República contaron los resultados de un informe del Centro Javeriano de Competitividad (CJC) y el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Pontificia Universidad Javeriana. Con datos de la Gran Encuesta Integrada de Hogares del Dane y del Snies, el sistema de información de la educación superior, el estudio siguió los ingresos laborales entre 2010 y 2025 según el máximo nivel educativo de cada trabajador.
El hallazgo que abrió los titulares: en esos 15 años, un trabajador con pregrado recibió en promedio un ingreso 4 veces superior al de alguien sin ningún logro educativo, según Semana, que anota que eso sugiere que "la educación formal sí paga". La República tituló que el pregrado permite ganar "hasta cuatro veces más" y en el cuerpo habla de ingresos "cuatro veces superiores". Con posgrado la distancia crece: una remuneración promedio de $6,9 millones al mes (~US$2.090), 7,8 veces la de quienes no tuvieron educación formal.
La proporción de trabajadores con educación superior pasó del 17 % al 30 % entre 2010 y 2025, informa Semana. "Colombia tiene una población ocupada más educada", explicó Óliver Pardo, director del CJC, citado por ese medio.
Pero el mismo informe trae la otra cara. La remuneración promedio de quienes tienen el pregrado como máximo logro bajó de $3,8 millones (~US$1.150) en 2010 a $3,5 millones (~US$1.060) en 2025. Entre los ocupados de 25 a 29 años con pregrado, los más cercanos a recién egresados, pasó de $3,3 millones (~US$1.000) a $3,0 millones (~US$910), según La República. Desde 2021, añade ese diario, la remuneración subió para quienes reportaron maestría, doctorado y formación técnica o tecnológica, y bajó para quienes llegaron a pregrado o especialización.
En palabras que recoge Semana, Pardo planteó una hipótesis: "Este estancamiento podría estar asociado con diferencias en la calidad de algunos programas, con las capacidades de quienes acceden a la educación superior o con las condiciones de sus primeros empleos". Gloria Lucía Bernal, directora del LEE, aclaró, según Semana, que el ingreso de esos jóvenes "varía ampliamente" según la carrera, la universidad, el género y el área de desempeño.
Entonces, ¿vale la pena estudiar? Y, con la misma honestidad, ¿cuánto vale una persona que nunca pudo hacerlo?
Segundo toque
Un promedio no cuenta una vida
Los investigadores mismos ponen un límite. Al presentar Radar de Remuneración, la plataforma pública que acompaña el informe, precisan según Semana que, como las cifras salen de lo que cada persona reporta en la encuesta del Dane, "deben leerse como aproximaciones". Los ingresos dependen también de la experiencia, la ocupación, el sector y la región.



