Veintisiete millones de peruanos frente a una urna partida en dos
Este domingo 7 de junio, en mesas de sufragio que abren a las 7 de la mañana y cierran a las 5 de la tarde, Perú elige presidente. Veintisiete millones trescientos veinticinco mil cuatrocientos treinta y dos peruanos están habilitados para votar, según el padrón de la ONPE. La elección, obligatoria para los mayores de 18 y menores de 70, define dos nombres y una pregunta. Los nombres son Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú. La pregunta la formula el país entero: ¿qué clase de presidencia necesita un pueblo cansado de tres mandatos interrumpidos en menos de una década?
He estado siguiendo Perú con atención esta semana, no porque la noticia me sorprenda, sino porque me recuerda algo que la fe cristiana suele olvidar cuando entra a la conversación política. Algo que conviene poner sobre la mesa antes de que voten 27 millones de hermanos.
La aritmética de un país que llegó al balotaje con menos del treinta por ciento
En la primera vuelta de abril, ninguno de los 35 candidatos logró pasar del 18 por ciento. Roberto Sánchez quedó segundo por un margen de apenas 21,210 votos sobre Rafael López Aliaga, según los datos de la ONPE. Keiko Fujimori encabezó con el voto urbano de Lima y Callao. Sumados, los dos finalistas alcanzan cerca del 29 por ciento del electorado. Eso significa que siete de cada diez peruanos no votaron por ninguno de los dos.
Esta semana, la encuesta de CPI publicada por RPP puso a Keiko en 32,5 por ciento y a Sánchez en 29,1 por ciento. Lima y Callao la respaldan con 45,6 por ciento. La sierra centro y sur le da a Sánchez 53,3 por ciento. Es un país elegantemente partido por mitades geográficas.
France 24 cubrió el debate del miércoles. Las propuestas centrales son distintas en tono, no tanto en aspiración. Ambos prometen seguridad, ambos prometen estabilidad económica, ambos prometen no terminar como sus seis predecesores recientes. Los dos cierran sus campañas en Lima el jueves 4 de junio. Fujimori en el Estadio Monumental. Sánchez en Campo de Marte, despues de que la municipalidad le negara el Centro Histórico.
Lo que el cristiano peruano ya está cargando en silencio
Si tienes hermanos en la fe en Perú, esta semana los has visto pedir oración por su país. Algunos te han dicho que votarán a Keiko porque temen un giro a la izquierda que toque la libertad de culto. Otros te han dicho que votarán a Sánchez porque no se reconcilian con el legado del fujimorismo. Otros te han escrito que esta vez votarán en blanco, "porque uno no le da el voto a Dios; el voto se lo da a un hombre".
Y todos esos hermanos tienen, hasta cierto punto, razón. La fe cristiana en América Latina ha aprendido a la mala que ningún partido es el partido de Cristo. Lo aprendió con el catolicismo conservador del siglo veinte. Lo está aprendiendo con el evangelicalismo politizado del siglo veintiuno.
La risa del que está sentado en el trono
Hay un texto al que vuelvo cuando el panorama político se nubla así. Es Salmo 2. David ve a las naciones conspirando, a los reyes confabulándose contra el Señor, y la respuesta del cielo no es ansiedad, sino risa. "El que está sentado en el trono de los cielos se ríe; el Señor se burla de ellos" (Salmo 2:4 NVI). No es burla cínica. Es la serenidad de Quien sabe el final.
En Perú, ese sábado por la noche habrá familias cristianas haciendo cadenas de oración. El domingo, antes de votar, muchas iglesias dedicarán el culto a interceder. Y el lunes, sea quien sea el presidente electo, la iglesia despertará al mismo Cristo de siempre.
La pregunta que Pablo le hace al cristiano peruano hoy
Cuando Pablo escribe Romanos 13 está en Corinto, hacia el año 57. El emperador es Nerón, todavía en sus primeros años "buenos". Faltaban siete años para el incendio de Roma y las primeras persecuciones imperiales contra los cristianos. El destinatario es una iglesia mixta, con creyentes judíos y gentiles, viviendo en la capital de un imperio que la mayoría veía como demoníaco.
A esa iglesia, en ese imperio, con ese emperador, Pablo le dice: "Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto" (Romanos 13:1 NVI). La frase, leída sin contexto, parece una rendición. Leída dentro de su momento histórico, es una de las cosas más subversivas que el Nuevo Testamento dice. Pablo no está bendiciendo a Nerón. Está diciendo que ni siquiera Nerón está fuera del control de Dios. Que ni siquiera el emperador es absoluto. Que el cristiano puede obedecer en lo civil y resistir en lo idolátrico al mismo tiempo, porque su lealtad última no pertenece a César.
Cuando Pablo escribe esto, no sabe que va a morir en una cárcel romana por orden del mismo gobierno que está pidiéndoles respetar. Esa es la paradoja que Romanos 13 le entrega al cristiano peruano: respetar la autoridad como instituida no es bendecirla como infalible.
Lo que la Escritura no le dice al votante cristiano (y por qué eso importa)
La Biblia no te dice a quién votar el domingo. No hay un versículo que diga "vota Keiko" o "vota Sánchez". Eso debería tranquilizarte. Significa que tienes libertad cristiana para discernir, sopesar y elegir. Significa también que el voto no es un acto sagrado. Es un acto cívico hecho con conciencia formada por la Escritura.
Hay varios principios que pueden iluminar el discernimiento sin pretender resolverlo.
Primero, la dignidad humana como imagen de Dios (Génesis 1:27). Ningún candidato es un ángel, ningún candidato es un demonio. Los dos son seres humanos pecadores con capacidad de bien y mal. Resistir la tentación de demonizar al rival es resistir la tentación que ya destruyó a tantas familias cristianas en redes sociales.
Segundo, la justicia como tarea pública. Miqueas 6:8 le pregunta al pueblo qué es lo que el Señor pide: "practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios" (NVI). Justicia para los pobres, justicia para los pueblos originarios de la sierra, justicia para las víctimas del Sendero Luminoso, justicia para las familias del conflicto interno de los noventa. Ningún partido tiene el monopolio de esa justicia.
Tercero, la libertad de culto. Que el evangelio circule, que la iglesia se reúna, que los pastores no terminen en la cárcel por predicar. Esa libertad ha estado bajo presión en países vecinos en los últimos diez años. Cuidarla en el Perú es cuidarla para América Latina.
El día después: lo que nadie está nombrando
La cosa más realista que se puede decir sobre el lunes 8 de junio es esta: la mitad del país va a despertar decepcionado. Eso es matemática, no opinión. Si Keiko gana, la sierra centro y sur va a sentir que perdió otra vez. Si Sánchez gana, Lima va a sentir que el norte la abandonó. Ningún resultado va a sanar la fractura geográfica del país.
Y ahí entra la iglesia. La única institución en el Perú que tiene presencia en las dos mitades es la iglesia cristiana. Católica, evangélica, pentecostal, todas tienen pies en Lima y pies en la sierra. Si el lunes 8 de junio la iglesia se postra a orar por el presidente electo, sea quien sea, está modelando algo que ningún partido puede modelar: la unidad cristiana por encima de la fractura geográfica.
Eso lo dice Efesios 4:3, escrito por Pablo desde una cárcel romana a una iglesia que también vivía dividida entre judíos y gentiles. "Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz" (NVI). Esfuércense. La palabra griega es spoudazontes, una palabra de trabajo intenso. La unidad no es automatica. Se trabaja.
El balotaje no decide tu salvación
Te lo digo como hermano: no votes asustado. El miedo es mal consejero cristiano. El Perú estará bajo el señorío de Cristo el domingo 8 a las 5:01 de la tarde, lo mismo que el sábado 6 a las 6 de la mañana. Lo estuvo bajo Castillo. Lo estuvo bajo Boluarte. Lo estuvo bajo Fujimori padre. Lo estuvo bajo Velasco. Lo estuvo bajo Garcia. Y lo estará bajo quien gane el domingo.
Eso no te exime de votar con sabiduría. Pero te libera de votar con desesperación.
Lo que puedes hacer hoy y el domingo
Si eres peruano: ora antes de votar. No por el candidato, por la iglesia. Para que esa iglesia sea fiel sea quien sea el presidente. Y vota. Tu voto no salva al Perú, pero tu silencio cívico tampoco lo ayuda.
Si eres latinoamericano no peruano: ora por Perú este sábado. Especificamente por la iglesia peruana, por los pastores, por las familias que llegan al domingo con miedo o con expectativa exagerada. Los dos son trampas.
Si tienes hijos: aprovecha la semana para conversar con ellos sobre cómo un cristiano se relaciona con la política. No como tabú, no como tribu, como discernimiento. Esto se aprende en casa, no en el púlpito.
Para no cerrar este capítulo
¿Y si la pregunta verdadera del domingo no es quién gana el balotaje, sino qué iglesia despierta el lunes? Ese es el examen que ningún encuestador de CPI puede medir, y el unico que en realidad importa.
Cuando el polvo del balotaje se asiente, ¿qué versión de la iglesia peruana voy a haber sido yo?



