Sé lo que muchos van a buscar en una nota con este título: de qué lado está un medio cristiano frente a la pena de muerte. Entre creyentes que leen la misma Biblia hay quienes la defienden y quienes la rechazan, y esta nota no va a zanjar esa discusión.
El anuncio del 15 de octubre trae, además, otra pregunta, más cercana: quién debe mirar cuando un Estado ejecuta a un condenado.
Ese jueves, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció en Truth Social que el Pentágono no transmitirá en directo la ejecución de Nidal Malik Hasan, informó El País. Hasan, expsiquiatra militar, mató a 13 personas e hirió a otras 32 en la base de Fort Hood, en Texas, en 2009, según El País y El Tiempo. Un jurado militar lo condenó en agosto de 2013. En el consejo de guerra se defendió a sí mismo y reconoció el crimen, recuerda El País.
La ejecución, por fusilamiento, sigue fijada para el 3 de diciembre en Fort Hood, según Semana, que añade que será la primera de un pelotón de fusilamiento militar estadounidense desde 1945.
De ejemplo, para las familias o para nadie
La idea de transmitirla fue del secretario de Defensa, Pete Hegseth. La semana anterior al anuncio, según El País, dijo en una entrevista que quería que la ejecución sirviera "de ejemplo": "Nos aseguraremos de que la gente pueda verla, que [la ejecución] sea pública. Porque la gente necesita entender que... hay consecuencias serias para este tipo de cosas".
En su mensaje, Trump reconoció que transmitirla "podría haber sido un fuerte elemento disuasorio". Pero "muchas personas muy buenas y bienintencionadas preferirían no verlo morir", y los familiares directos de las víctimas podrán presenciarla en persona si así lo deciden: "Ellos merecen ser testigos de la justicia", según la versión de El Tiempo. La República y Europa Press recogen el mismo mensaje con otra traducción.
Antes del anuncio, el vicepresidente, J. D. Vance, y el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, habían dicho que no pensaban conectarse para verla, y los dos lo justificaron por sus creencias religiosas, cuenta El País: Vance es católico y Johnson, evangélico.
El plan de transmitirla había generado rechazo dentro y fuera del país, entre políticos demócratas y republicanos, en la Iglesia católica, en grupos de derechos humanos y en las Naciones Unidas, según El Tiempo.
Una de esas voces fue la del arzobispo Timothy Broglio, ordinario militar de Estados Unidos (el obispo de los católicos de las Fuerzas Armadas). En una declaración del 12 de octubre, antes del anuncio de Trump, reafirmó la oposición de la Iglesia católica a la pena capital y calificó de inaceptable convertir la muerte de un hombre en un espectáculo, informó Vatican News. El mismo medio recuerda que Broglio presidió el funeral de Michael Grant Cahill, el único civil muerto en el ataque, y recoge la advertencia del obispo de Austin, Daniel Garcia: ejecutarlo en el lugar de la matanza podría reabrir las heridas de las familias y de los sobrevivientes.
Al poner las posiciones una al lado de la otra, me di cuenta de que todas hablan de mirar. Hegseth quería que mirara la gente, para que entendiera. Trump dejó la mirada a las familias. Vance y Johnson decidieron no mirar. Los obispos temen lo que esa imagen deja en quien la ve.
No me toca decirle a ninguna familia de Fort Hood si debe estar ahí el 3 de diciembre. Ese duelo es suyo. Me queda una pregunta para el resto de nosotros, que vemos morir a otros en una pantalla casi todos los días: qué le pasa por dentro a quien mira. Lucas dedica varias líneas de su evangelio a la gente que estaba frente a la cruz.
Segundo toque
Los que fueron a ver el espectáculo
Lucas narra la crucifixión de Jesús en el lugar llamado la Calavera, entre dos criminales (Lucas 23:33), y anota: "La gente, por su parte, se quedó allí observando" (Lucas 23:35, NVI). Al final de la escena vuelve sobre esa misma gente:



