Margaret Hamilton de pie junto a una pila de listados de código casi tan alta como ella
Foto: Margaret Hamilton junto al software de navegación que produjo con su equipo del MIT para el proyecto Apolo, en 1969. Draper Laboratory; restored by Wilfredor and Yann. / Wikimedia Commons / Public domain

Margaret Hamilton y el botón equivocado

Murió Margaret Hamilton, que dirigió el software del Apolo contando con el error humano. Lucas 22 muestra a Jesús orando por Pedro antes de su caída.

Una de las lecciones más importantes de Margaret Hamilton, cuenta El País, se la dio una niña de cuatro años. Era su hija. La acompañaba al laboratorio del MIT y un día, jugando con el simulador del módulo de mando, lo dejó colgado.

Hamilton, la ingeniera que dirigió el software de vuelo de las misiones Apolo, murió el 30 de septiembre a los 90 años, según informó el miércoles 7 de octubre el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), recoge El Colombiano. El País añade que la causa no se ha hecho pública.

Un oficio que todavía no tenía nombre

Hamilton nació en Paoli, Indiana, en 1936 y estudió Matemáticas. Según El País, aprendió a programar escribiendo programas de predicción del tiempo para el profesor Edward Lorenz, en el departamento de Meteorología del MIT. En 1965 entró al Laboratorio de Instrumentación del MIT, que tenía el contrato de la NASA para el software de vuelo del Apolo, y fue la primera programadora contratada para el proyecto.

Dirigió la División de Ingeniería de Software de ese laboratorio, precisa El Colombiano. La expresión "ingeniería de software" la usó para equiparar su oficio con las otras ingenierías, y durante mucho tiempo fue motivo de chanza entre sus colegas, como ella misma le contó a El País en 2017.

"Mirando atrás, fuimos las personas más afortunadas del mundo", dijo Hamilton sobre aquellos años, según DW.

Demasiado bien entrenados para equivocarse

La niña del simulador se llama Lauren. Según El País, mientras jugaba, activó en pleno vuelo simulado un programa de prelanzamiento llamado P01, y el simulador se colgó. Hamilton propuso blindar el sistema contra ese error. Sus superiores lo descartaron con una razón: los astronautas estaban demasiado bien entrenados para cometer una torpeza propia de una niña.

Sigue El País: en diciembre de 1968, durante el Apolo 8, el astronauta Jim Lovell activó por error el P01 en mitad del viaje y los datos de navegación se borraron. El equipo de Hamilton lo arregló desde tierra, y desde entonces sus cambios entraron al programa. El País lo describe como uno de los primeros ejemplos de programación defensiva: escribir código "que da por hecho que alguien, algún día, va a pulsar el botón equivocado".

Según El País, esa filosofía salvó el Apolo 11. El 20 de julio de 1969, mientras el módulo Eagle descendía, la computadora de a bordo empezó a dar alarmas y en la pantalla apareció el código 1202: la máquina recibía más tareas de las que podía atender, y abortar el alunizaje era una opción real. El Tiempo explica que el software identificó las tareas que no eran prioritarias, reinició sus procesos y concentró sus recursos en las funciones esenciales para el aterrizaje.

"Si el ordenador no hubiera reconocido este problema y tomado medidas de recuperación, dudo que el Apolo 11 hubiera sido el exitoso viaje a la Luna que fue", dijo Hamilton más tarde, según El País. Olivier de Weck, del Departamento de Aeronáutica y Astronáutica del MIT, resumió su carrera, citado por DW, como una dedicación a prevenir errores y a lo que ella denominaba "gestionar lo desconocido".

Le sobreviven su hija Lauren, dos nietos, cuatro bisnietos y tres hermanos, según El País.

Me deja pensando que el sistema que llevó a dos hombres a la Luna se construyó contando con el error de los mejor preparados. Cada uno tiene su propio P01, el botón que sabe que tarde o temprano va a pulsar mal. ¿Se puede vivir contando con eso sin esconderlo y sin hundirse en la culpa?

Antes de que cante el gallo

La noche en que lo arrestaron, después de la última cena, Jesús le habló a Pedro:

"Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes como si fueran trigo. Pero yo he orado por ti, para que no falle tu fe. Y tú, cuando te hayas vuelto a mí, fortalece a tus hermanos" (Lucas 22:31-32, NVI).