Un premio de mayoría funciona así: la coalición que pasa cierta raya de votos recibe escaños de más y queda con la mayoría del Parlamento. El jueves 8 de octubre, Italia puso esa raya en el 42 %.
Doscientos veintisiete votos y una raya en el 42 %
El Parlamento italiano aprobó ese jueves la reforma electoral impulsada por el Gobierno de Giorgia Meloni, según El Mundo. El Senado la había votado un par de semanas antes, y la Cámara de los Diputados le dio el sí final con 227 votos a favor y 164 en contra, precisa el diario español.
Según El Tiempo, que publica un texto de la agencia AFP, el nuevo sistema proporcional le asegura la mayoría parlamentaria a la alianza que supere el 42 %, con un premio de unos 70 escaños en la Cámara y 35 en el Senado. El Mundo agrega los topes: quien reciba el premio no podrá pasar de 220 de los 400 diputados ni de 113 de los 200 senadores. Si ninguna coalición llega al 42 %, los escaños se repartirán con un sistema proporcional puro.
Los dos medios traen otro cambio: partidos y coaliciones tendrán que presentar un programa de gobierno y un candidato a primer ministro antes de las elecciones. Según la explicación de El Mundo, busca dar más claridad al proceso, aunque el nombre no será vinculante.
Estabilidad para gobernar, reglas para competir
La defensa de la reforma se apoya en la historia. Durante mucho tiempo, recuerda El Mundo, los politólogos describían a Italia como un país de ingobernabilidad crónica: en los 70 años siguientes a la Segunda Guerra Mundial hubo hasta 63 gobiernos. Los promotores de la reforma sostienen que el sistema proporcional necesita un factor de corrección para facilitar la gobernabilidad.
Meloni lo dijo con sus palabras: la norma fue concebida "para favorecer la estabilidad y la coherencia parlamentaria de cualquier Gobierno, independientemente de su color político". Y añadió: "Quien gana las elecciones debe poder gobernar y quien es elegido tiene que responder a los electores que lo han elegido". Según El Tiempo, Meloni, que preside el Gobierno más longevo de la Italia de posguerra, sostiene que la reforma aportará una mayor estabilidad política.
La oposición la llevará a los tribunales, informan los dos medios. Para Elly Schlein, líder del Partido Democrático, la reforma es "equivocada e inconstitucional", y critica que el Gobierno "cambie las reglas del juego y las leyes con la partida ya iniciada", según El Mundo. Giuseppe Conte, líder del Movimiento 5 Estrellas, le dijo a la AFP que la ley es "un desorden, un plan enrevesado, ideado únicamente para encontrar una fórmula que permita obtener ventaja en las próximas elecciones en otoño de 2027", recoge El Tiempo. Tras la votación, muchos parlamentarios de la oposición mostraron carteles con la frase "Ley Fraude", según El Mundo.
Los críticos advierten de una distorsión de la representatividad, y El Mundo señala que el Tribunal Constitucional podría pronunciarse en las próximas semanas.
Cada lado defiende un bien real. Uno pide que quien gane pueda gobernar sin caerse a los pocos meses. El otro pide que las reglas sean las mismas para todos y que el Parlamento se parezca a lo que votó la gente. La pregunta que me queda es esta: ¿qué tiene la Escritura para quien ve a dos bandos invocar bienes que la Biblia también valora?
Segundo toque
Una carga demasiado pesada
La Biblia cuenta sin apuro una escena en el desierto. Israel acababa de salir de Egipto, y a Moisés lo visitó Jetro, "sacerdote de Madián y suegro de Moisés" (Éxodo 18:1, NVI). Al día siguiente, Moisés se sentó a juzgar al pueblo, y la gente estuvo de pie frente a él "desde la mañana hasta la noche" (Éxodo 18:13, NVI).



