Mesa de negociación internacional — mediación EE.UU. en Medio Oriente. Foto: Pexels.

Israel y Hezbolá: La Reunión que Puede Definir las Próximas Semanas

La reunión del jueves en Washington, y la paz que esta semana no va a llegar

Si sigues las noticias de Medio Oriente desde hace años, ya conoces este guion. Otra ronda de negociaciones, otra capital mediadora, otra cumbre que "puede definir las próximas semanas". Esta vez es jueves 14 de mayo en Washington, cuarta ronda desde marzo, funcionarios israelíes y libaneses en la misma sala, con Estados Unidos mediando tras el ataque israelí del lunes en Kfardounine que dejó 6 muertos.

Y mientras los titulares hablan de "definir", yo quiero proponerte algo más incómodo: probablemente esta reunión no resuelva nada de fondo. Y la pregunta cristiana no es si esta ronda funcionará, sino cómo se reza por una paz que lleva décadas sin llegar.

Lo que confirmó CNN entre el lunes y el jueves

Según CNN, entre el lunes 11 y el martes 12 de mayo se acumularon varios hechos.

  • Líbano denunció formalmente el ataque israelí del lunes en Kfardounine, con 6 muertos y 7 heridos.
  • Estados Unidos confirmó la reunión en Washington del jueves 14 de mayo con funcionarios israelíes y libaneses.
  • Donald Trump declaró que el alto el fuego con Irán está "en estado crítico".
  • Dos paramédicos vinculados a Hezbolá murieron en ataques israelíes adicionales, según La Nación.
  • Los Emiratos Árabes Unidos siguen siendo el país del Golfo más golpeado por ataques en respuesta a la guerra.

Es la cuarta ronda en cuatro meses. La primera fue en marzo. La segunda no destrabó casi nada. La tercera produjo declaraciones pero no cambios verificables sobre el terreno. La cuarta llega con un alto el fuego más débil que cuando empezó la mediación.

Tres lecturas, y la que ni CNN ni La Nación mencionan

La primera lectura es diplomática optimista: las cuatro rondas son progreso real, Washington está forzando una desescalada, hay que confiar en el proceso. Es la lectura del Departamento de Estado y de los analistas que necesitan que el statu quo funcione.

La segunda es catastrofista: el alto el fuego ya está roto en los hechos, lo de Washington es teatro, en semanas se viene una escalada regional con Irán involucrado. Es la lectura de buena parte del comentariado israelí de derecha y del eje Hezbolá-Teherán, por razones opuestas.

La tercera no aparece en CNN ni en La Nación, y es la que me interesa proponerte. Es la lectura bíblica: hay un Dios que sigue gobernando reinos y mediaciones, y hay un conflicto que probablemente no se resuelva ni esta semana, ni este año, ni esta generación. Las dos cosas son ciertas a la vez. Y la fe cristiana tiene que aprender a vivir en esa tensión, sin caer en el optimismo barato ni en el fatalismo.

El Salmo 122 y la ciudad que se ora, no se celebra

"Oren por la paz de Jerusalén: 'Que vivan en paz los que te aman.'", Salmo 122:6 (RVR1960)

Este es uno de los salmos de las subidas, los que cantaban los peregrinos camino al templo en Jerusalén. David escribe pidiendo oración por una ciudad que ya en su tiempo era símbolo de tensión. La fe judía, la presencia gentil, la frontera política con potencias vecinas. La instrucción no es "celebren la paz de Jerusalén". Es orar por ella. Porque desde el principio, Jerusalén fue una ciudad que necesitaba ser pedida en oración, no celebrada como conquista.

Hoy, tres mil años después, Jerusalén sigue siendo una ciudad por la que se ora. No por la que se celebra. Y el Líbano del sur, con sus pueblos chiitas bombardeados y sus aldeas cristianas maronitas atrapadas en el cruce, entra en esa misma oración. La paz no llegó en tiempos de David. Y la fe del salmista no fue celebrar una paz inexistente, sino seguir pidiéndola.

Qué dice la Escritura sobre los que median

"Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.", Mateo 5:9 (RVR1960)

Jesús dice esto en el monte, frente a una multitud judía bajo ocupación romana. La frase aparece en las bienaventuranzas, ese bloque de afirmaciones que dan vuelta la lógica del mundo. La palabra griega que el evangelista Mateo usa es eirenopoioí. No significa "los pacíficos". No significa "los que aman la paz". Significa, literalmente, hacedores de paz. Personas que hacen el trabajo. Que se sientan en la mesa. Que escriben los borradores. Que aguantan las nueve horas de reunión sin avance.

Jesús está hablando ante un público que esperaba un mesías guerrero. Un Bar Kojba que expulsara a los romanos. Y Él les dice que la bienaventuranza, la dicha verdadera, no está sobre los que conquistan, sino sobre los que negocian. Es una palabra revolucionaria en el primer siglo, y sigue siéndolo hoy.

El jueves en Washington va a haber eirenopoioí. Funcionarios cuyo nombre tú no conoces. Asesores que llevan meses sin dormir bien. Mediadores libaneses negociando con israelíes mientras saben que en sus pueblos hay misiles cayendo. Sean cristianos, musulmanes, judíos o agnósticos, si su trabajo es genuino, están haciendo algo que Jesús bendijo en el monte. Eso no significa que la reunión vaya a producir paz. Significa que el oficio en sí, aunque fracase, tiene dignidad cristiana.

"Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos.", Romanos 12:18 (RVR1960)

Pablo escribe Romanos desde Corinto, alrededor del año 57. Le habla a una iglesia que vive en la capital del imperio, bajo Nerón, en un contexto donde los cristianos eran sospechosos políticos y los judíos llevaban siglos de tensión con Roma. La paz no era una opción ambiental. Era una elección personal en medio de un imperio violento.

La condición de la frase es decisiva: "si es posible, en cuanto dependa de ustedes". Pablo no le dice a la iglesia romana "garanticen la paz mundial". Eso no depende de ellos. Les dice "hasta donde dependa de ustedes, busquen la paz". Es realismo pastoral. Hay una parte de la paz que sí depende de mí, mi vecino, mi pareja, mi conflicto con el hermano de la iglesia. Y hay una parte enorme que no depende de mí, los acuerdos de Washington, las decisiones de Netanyahu, las órdenes de Naim Qassem en Beirut.

La aplicación a la iglesia hispana en 2026 es directa. No estás llamado a resolver el Medio Oriente. Estás llamado a la parte que sí te toca: no alimentar el odio en redes, no caricaturizar al árabe, no caricaturizar al judío, no usar tu Biblia como justificación de un partido geopolítico.

La esperanza que la mediación no puede dar

"Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir.", Apocalipsis 21:4 (RVR1960)

Juan escribe el Apocalipsis exiliado en la isla de Patmos, bajo el emperador Domiciano, a finales del siglo I. Las iglesias a las que escribe están sufriendo persecución activa. Algunos hermanos suyos ya fueron asesinados. La economía romana excluye a quienes no rinden culto al César. En ese contexto de dolor real, Juan ve la visión de la nueva Jerusalén. Y la promesa central no es "todo se va a arreglar esta década". La promesa es que al final Dios mismo enjugará las lágrimas, y la muerte, el llanto, el lamento y el dolor van a dejar de existir.

Fíjate en lo que Apocalipsis 21 no dice. No dice que el conflicto Israel-Hezbolá se va a resolver en la cuarta ronda de Washington. No dice que tu generación va a ver la paz definitiva en Medio Oriente. No dice que vas a leer un titular en CNN anunciando el fin de las guerras. La esperanza cristiana es escatológica, está al final del relato, y el relato es largo. Más largo de lo que mi paciencia quisiera. Más largo de lo que tu paciencia quisiera. Pero termina como termina, con Dios secando lágrimas con su propia mano.

Eso le da forma a cómo oramos por Líbano e Israel esta semana. No oramos como quien espera que la próxima reunión sea la solución. Oramos como Juan en Patmos: con los ojos puestos en una ciudad que todavía no se ve, y con las manos puestas en el dolor que hoy sí existe.

Diez minutos, el Salmo 122, y tres nombres que no conoces

No te voy a dar tres pasos en lista. Te voy a dar uno.

Esta semana, mientras los noticieros hablan de la reunión de Washington, dedica diez minutos un día, el que tú elijas, a leer en voz alta el Salmo 122 completo, y orar por nombre por tres personas que no conoces: un negociador israelí, un negociador libanés y un cristiano viviendo hoy en el sur del Líbano o en el norte de Israel. No sabes sus nombres. No importa. Dios sí los conoce. Y la oración del Salmo 122 es exactamente el género de oración que la situación pide.

Ese ejercicio te va a desarmar tres reflejos peligrosos. El primero, el tribalismo: cuando rezas por las tres personas, ninguna es "el bando bueno". El segundo, el espectáculo: la noticia deja de ser entretenimiento de fin de semana y se vuelve oración concreta. El tercero, el cinismo: rezar por personas que nunca vas a conocer te entrena en una solidaridad que no depende de la cámara.

La fe que ora por Jerusalén sin ver la paz

Hay una incomodidad cristiana que el siglo XXI no quiere oír, y es que algunas guerras no se resuelven en nuestra vida.

Israel y Hezbolá llevan combatiendo, con interrupciones, desde 1982. La generación de cristianos hispanos que hoy lee esto, mi generación, puede que termine sus días sin ver la paz en esa frontera. Hebreos 11 dice de los héroes de la fe que muchos murieron "sin haber recibido lo prometido". Esa es una posibilidad real. No la posibilidad pesimista, la posibilidad bíblica. Algunos santos esperaron toda su vida y se fueron sin ver lo que pedían.

La pregunta entonces no es si la reunión del jueves va a funcionar. La pregunta es si tu fe está lista para seguir orando aunque no funcione. Si tu vida cristiana resiste el largo plazo de un dolor que no se resuelve en una década. Si crees en un Dios que enjuga lágrimas, aunque el momento de enjugar sea más tarde del que tu corazón espera.

Esa es la fe del Salmo 122. La fe del que ora por Jerusalén tres mil años después y todavía no ve la paz pedida. La fe que no se cansa porque sabe quién está al final del relato.

_¿Por qué nombre concreto vas a orar esta semana, aunque sepas que tu oración no termina la guerra?_