Hay rankings que nadie quisiera encabezar. Y hay países en los que basta una publicación en redes para terminar detenido.
Esta semana volví a una cifra que me golpea: 29 personas fueron detenidas en Egipto por publicar contenidos en línea, entre mediados de julio de 2025 y el 1 de enero de 2026. Muchas de ellas, integrantes de comunidades religiosas que no encajan con las creencias aprobadas por el Estado, incluyendo coptos cristianos, una de las comunidades cristianas mas antiguas del mundo.
Para que lo midas en algo cercano: imagínate que tu vecino, en tu propio barrio, pase tres meses preso por un post de Facebook. Esa es la realidad cotidiana de una minoría que aprendió a escribir mirando dos veces la pantalla antes de pulsar "publicar".
Lo que está pasando
El reporte de Amnistía Internacional documenta cómo las autoridades egipcias han intensificado en los últimos meses la represión contra personas que no profesan creencias aprobadas por el Estado.
Los cristianos coptos representan, según fuentes oficiales y eclesiales, alrededor del 10% de la población egipcia. Es la comunidad cristiana más antigua de Egipto, presente desde el siglo I. En este 2026, sus miembros enfrentan:
- Detenciones administrativas sin acusación formal.
- Cierre de templos por "falta de licencias" que llevan décadas sin actualizarse.
- Vigilancia activa de contenido religioso en redes sociales.
- Imposibilidad práctica de construir nuevos templos o ampliar los existentes.
Y la situación no es exclusiva de Egipto. La Lista Mundial de la Persecución 2026, publicada por Puertas Abiertas, registra que casi 388 millones de cristianos sufren algún grado de persecución por su fe. Es más que la población completa de Estados Unidos.
Lo que casi nadie está nombrando bien
La cobertura de medios occidentales sobre Egipto tiende a tres lecturas que se quedan cortas.
La primera dice que es un "tema de derechos humanos en general". Cierto, pero genérico. Cuando todo es derechos humanos, nada lo es.
La segunda dice que es un conflicto entre la mayoría musulmana y la minoría copta. Esa lectura confunde: muchos musulmanes egipcios protegen a sus vecinos cristianos, y la represión estatal alcanza también a musulmanes que se desvían de la versión oficial del islam.
La tercera dice que la persecución de cristianos en Medio Oriente es inevitable, "siempre ha sido así". Es lo más cómodo de decir y lo más peligroso: convierte la indiferencia en filosofía.
Lo que sí está pasando es esto: la era digital ha cambiado las reglas de la persecución. Antes, una autoridad necesitaba pruebas físicas o testigos para detener a alguien. Hoy basta un screenshot.
Lo qué importa desde la fe
Cuando una persona termina detenida por escribir online sobre lo que cree, no se está violando solo su derecho civil. Se está intentando destruir algo que la Escritura considera intocable: la conciencia delante de Dios.
Pedro y los apóstoles, ante el Sanedrín que les ordenaba dejar de predicar, respondieron así:
«Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.» - Hechos 5:29 (NVI)
La frase no es un eslogan. Es un principio. Hay una conciencia ante Dios que ningún Estado puede legislar.
La pregunta que esto nos devuelve a nosotros
¿Qué tan fácil estamos negociando nuestra fe ahora mismo, cuando todavía vivimos en libertad?
Esa pregunta no la hago para producir culpa. La hago porque, en mi propia conversación en consejería, veo algo que duele: en países donde no nos persiguen, muchos creyentes ocultan su fe en redes por miedo al reproche social.
No por miedo a la cárcel. Por miedo al meme.
Una creyente copta en Alejandría se piensa cinco veces si publica un versículo. Lo hace igual, sabiendo que puede terminar detenida. Una creyente cristiana en Madrid, o en Buenos Aires, o en Bogotá, piensa cinco veces si publica un versículo. Lo hace o no lo hace según la opinión de su entorno; aprobación al que dirán.
La distancia entre las dos cristianas es enorme. La pregunta sobre cuál de las dos tiene más fe la deja la Escritura.
Lo que la Iglesia perseguida nos enseña
Hay un pasaje de las cartas paulinas que toma sentido pleno en este contexto:
«Acuérdense de los presos, como si ustedes fueran sus compañeros de cárcel, y también de los que son maltratados, como si ustedes mismos estuvieran sufriendo en carne propia.» - Hebreos 13:3 (NVI)
Acordarse. No "informarse". No "indignarse en redes". Acordarse, como si tu también estuvieras en esa celda.
June Hunt suele decir que la oración por los perseguidos es una de las pocas oraciones que la consejería bíblica nunca puede sustituir con técnica. No hay terapia que reemplace a un hermano libre orando por un hermano preso.
Lo que también puede alcanzarnos
No quiero ser alarmista, porque esa no es la voz de SegundoToque. Pero sería ingenuo no decirlo: el patrón de "delitos de opinión religiosa" se está expandiendo, en formas distintas, en países occidentales también.
No con cárcel, todavía. Pero sí con sanciones laborales, cancelaciones en redes, presión institucional sobre quienes expresan convicciones cristianas en ámbitos profesionales, debates jurídicos sobre lo que se puede o no se puede decir en una plaza pública.
Esa persecución que también puede alcanzarnos no será idéntica a la egipcia, ni mucho menos. Pero el principio es el mismo: el deseo de un sistema (cualquiera) de decidir qué creencias son aceptables.
Por eso conviene aprender, ahora, de los hermanos coptos. Ellos llevan décadas resistiendo con paciencia, con caridad activa, con servicio a la sociedad egipcia incluyendo a quienes los persiguen.
Qué significa para ti hoy
Tres cosas concretas.
Primero, añade a tu oración personal a un hermano cristiano detenido en Egipto. Si no tienes un nombre concreto, puedes escribir a organizaciones como Puertas Abiertas o Aid to the Church in Need, que mantienen listas de presos por su fe. Una oración con nombre y apellido tiene un peso que la indignación genérica nunca tendrá.
Segundo, examina tu propio silencio en redes. ¿Estás dejando de compartir tu fe por miedo a la reacción social? Eso es algo que la consejería pastoral puede ayudarte a trabajar. Habla con tu pastor o consejero. La libertad que tu no usas cuando la tienes, la pierdes cuando la necesitas.
Tercero, si puedes económicamente, apoya organizaciones que sostienen a la Iglesia perseguida. No con culpa, con gratitud. Tu libertad no es derecho ganado. Es regalo que te corresponde administrar.
La pregunta que devuelve responsabilidad
¿Qué haces tú cuando encuentras un mensaje que contradice tu fe en redes? ¿Cómo respondes? ¿Y qué haces con el mensaje que afirma tu fe? ¿Lo escondes porque te da vergüenza, o lo publicas porque lo crees?
Esa pregunta no la hago retórica. La hago para que la mires en serio.
Para cerrar
Esta semana, lee sobre la historia de la Iglesia copta. No necesita ser un libro entero. Una página de Wikipedia, un artículo, un perfil del patriarca actual. Deja que esa Iglesia, que sostiene la fe en condiciones que no imaginarías, se vuelva parte de tu imaginación cristiana.
Y recuerda esto: aún en las celdas más oscuras de Egipto, hay una puerta abierta hacia Cristo. Dios siempre saca lo bueno de lo malo. La sangre de los mártires sigue siendo, hoy también, semilla de la Iglesia.



