Una propuesta que se redacta en Bogotá puede terminar en la sala de una casa, entre un comprador, un vendedor y un sobre con billetes contados dos veces.
El Gobierno de Abelardo de la Espriella estudia limitar los pagos en efectivo en compras de alto valor, como apartamentos, carros y lotes. Según El Colombiano, que lo contó el 14 de octubre, la posibilidad hace parte del Estatuto Antiterrorista; el presidente anunció el lunes 12 de octubre que lo presentará ante el Congreso.
Bloomberg Línea explicó el 15 de octubre que la propuesta apunta a que ciertas transacciones pasen por el sistema financiero, "donde pueden dejar registros que faciliten el rastreo del dinero". Según ese medio, "todavía deben conocerse los umbrales, las operaciones cobijadas y las excepciones que establecería el texto definitivo". Los dos medios aclaran que la medida no prohíbe el efectivo en general ni está vigente.
"El sector financiero colombiano celebra que el Gobierno nacional estudie limitar los pagos en efectivo en compras de alto valor como parte del Estatuto Antiterrorista", escribió en X Jonathan Malagón, presidente de Asobancaria, según El Colombiano. Y añadió: "La compra de apartamentos, carros y lotes debe contar con mecanismos que permitan rastrear el origen de los recursos".
Augusto Acosta, exsuperintendente financiero, le dijo a Bloomberg Línea que llevar ciertos movimientos a los canales del sector financiero "ayuda sin duda ninguna al control de todas las operaciones". Según las cifras que mencionó, entre el 70 % y el 75 % del producto interno bruto se movería en efectivo, y por eso advirtió que tampoco se puede pensar "en poner unos montos demasiado restrictivos".
El Colombiano deja abierta otra cuestión: "qué condiciones deberían cumplir quienes no utilizan habitualmente los canales bancarios".
Detrás de esa frase hay familias, y a muchas les queda una pregunta más íntima: ¿qué dice de nosotros el rastro que deja el dinero con el que compramos lo más grande de la vida?
Segundo toque
Cuatrocientos siclos a la puerta de la ciudad
Sara murió en Hebrón y Abraham lloró por ella (Génesis 23:2). Luego fue a hablar con los hititas del lugar y empezó por reconocer su lugar: "Entre ustedes yo soy un extranjero, un extraño" (Génesis 23:4, NVI). Les pidió que le vendieran la cueva de Macpela para sepultar a su esposa.


