Si abriste la página del Tribunal Superior Electoral (TSE) de Brasil en la tarde del domingo 4 de octubre, viste los porcentajes moverse cada pocos minutos. Dos días antes, una crónica de El País en São Paulo había encontrado a más gente decidida a votar contra alguien que a favor de alguien.
Unos 158,7 millones de brasileños estaban convocados para elegir presidente, 27 gobernadores, los 513 diputados y dos tercios del Senado, según Caracol Radio, con información de EFE.
Hacia las 6:25 p. m., hora de Colombia, con el 90,31 % de los votos escrutados, el senador Flávio Bolsonaro sumaba el 48,04 % y el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el 43,97 %, según La Nación con datos del TSE. El Espectador reportaba cifras casi idénticas con el 90 % de las mesas. Como ninguno alcanzaba la mitad de los votos válidos, los dos medios coincidían en que Brasil se encamina a una segunda vuelta el 25 de octubre.
Votar para que el otro no gane
Lula, de 80 años, busca un cuarto mandato. Su rival, de 45, es hijo del expresidente Jair Bolsonaro, que tiene prohibido postularse y cumple una condena de 27 años tras ser declarado culpable de intentar un golpe de Estado para revertir su derrota de 2022, según CNN en Español.
Los dos cargan con acusaciones. Lula pasó 580 días en prisión por condenas de corrupción que la Corte Suprema anuló en 2021, recuerda CNN, y Flávio está investigado por presunta corrupción y lavado de dinero, algo que niega.
Los dos llegaron a la votación con más imagen negativa que positiva, escribió Mar Centenera en El País. En las calles de São Paulo, la periodista encontró a menos personas defendiendo el programa de su candidato que decididas a impedir que ganara el otro. El diario lo llamó "el voto del odio". La especialista en opinión pública Esther Solano habla de "un voto de rechazo que puede imponerse por encima de lo demás".
Cada lado tiene razones de peso. Según El País, Brasil llegó a las urnas con el desempleo en mínimos históricos (5,3 %) y la inflación bajo control (4,22 % interanual). Imani, de 49 años, le dijo al diario que votaría por Lula porque sus hijos "pudieron estudiar gracias a él".
Del otro lado se habla de cambio, de seguridad y de cuentas públicas. "Brasil necesita un cambio", dijo Flávio Bolsonaro al votar en Río de Janeiro, según La Nación. CNN explica que la mano dura contra el crimen es un eje central de su campaña. El analista Brian Winter le dijo al canal que, aunque "la economía está bien", "la gente siente que su salario ya no alcanza como antes". Y Antonio de Assis, dueño de un negocio turístico, le dijo a El País que los subsidios de Lula están creando "un déficit que terminará por explotar".
Las mujeres, las iglesias y la grieta
Las mujeres son el 53 % del electorado, y en 2022 fueron decisivas en la victoria ajustada de Lula, según la agencia AP. En la recta final, los candidatos buscaron su voto con propuestas contra la violencia de género, que alcanzó niveles récord. CNN contó que la campaña de Flávio le dio un papel más visible a su esposa, Fernanda Bolsonaro, para acercarse a las votantes.
La otra línea divisoria pasa por las iglesias. Una encuesta de Datafolha citada por CNN el 3 de octubre ponía a Flávio adelante entre los evangélicos (47 % frente a 27 %) y a Lula adelante entre los católicos (45 % frente a 33 %). Es una encuesta, y aun así muestra que creyentes del mismo credo quedaron a los dos lados de la grieta.
Me hago una pregunta que vale para cualquier país partido en dos: ¿qué hace un cristiano con la parte de su voto, y de su corazón, que existe solo para que el otro pierda? En Lucas, dos discípulos tuvieron esa reacción frente a un pueblo que no quiso recibir a Jesús (Lucas 9:54, NVI).
Segundo toque
Fuego para la aldea que no abrió
Lucas cuenta que, "como se acercaba el tiempo de que fuera llevado al cielo, Jesús se hizo el firme propósito de ir a Jerusalén" (Lucas 9:51, NVI). Mandó mensajeros a un pueblo samaritano para conseguir alojamiento, y allí no quisieron recibirlo "porque se dirigía a Jerusalén" (Lucas 9:53, NVI).



