Congreso argentino — debate sobre rendición de cuentas patrimonial. Foto: Pexels.

Argentina: Sesión Especial para Que Adorni Rinda Cuentas

Una sesión en el Congreso, una pregunta más vieja que la política

He estado siguiendo lo que pasó este martes 12 de mayo en el Congreso argentino, y me interesa por una razón que va más allá del titular. El diputado Esteban Paulón, junto con otros legisladores opositores, convocó a una sesión especial para tratar proyectos que buscan que Manuel Adorni, vocero presidencial del gobierno de Javier Milei, rinda cuentas sobre el crecimiento de su patrimonio desde que asumió funciones públicas.

No voy a defender ni atacar a Adorni. No es mi tarea como periodista cristiano, y no creo que sea la tarea del lector cristiano frente a una noticia así. Lo que sí quiero hacer es algo distinto: preguntarme, contigo, qué dice la Escritura sobre la idea misma de rendir cuentas en el ejercicio del poder. Porque cuando los titulares se apagan, esa pregunta sigue viva, y nos toca a todos.

Lo que confirmó Infobae del martes 12

Según Infobae, el martes 12 de mayo de 2026 un grupo de diputados de la oposición firmó la convocatoria a una sesión especial del Congreso. El tema central: proyectos que exigen a Manuel Adorni explicar el crecimiento patrimonial registrado desde que ocupa cargos en el gobierno nacional.

El contexto institucional importa. El Congreso argentino, como casi todos los congresos de la región, tiene entre sus funciones constitucionales la de controlar al Ejecutivo. No es un detalle administrativo. Es parte del diseño republicano básico: poderes que se vigilan entre sí, no porque desconfíen siempre, sino porque saben que ninguna persona, ni ningún grupo, debe quedar sin alguien que le pregunte.

En paralelo, el clima político argentino vive otros frentes abiertos: la denuncia de audios que vincularían al oficialismo con una operación regional de desinformación valuada en unos US$350.000 contra figuras como Claudia Sheinbaum en México y Gustavo Petro en Colombia. La oposición empuja en varios frentes. El gobierno responde con dureza. La calle, mientras tanto, mira.

Tres lecturas, y la que ningún medio nombra

Tres lecturas dominan los medios y las redes.

La primera, oficialista: la oposición instrumentaliza el Congreso para desgastar políticamente a un funcionario popular del gobierno, en lugar de discutir reformas estructurales. Sería persecución disfrazada de control.

La segunda, opositora: el gobierno de Milei se ha resistido sistemáticamente a abrir información sobre su funcionariado, y eso obliga a forzar mecanismos institucionales. La rendición de cuentas no se pide solo cuando es cómoda.

La tercera lectura, que casi nadie nombra y que es la que me interesa hoy, es la bíblica: la idea misma de que quien administra recursos ajenos debe poder explicar lo que hizo con ellos no es una invención liberal, ni socialista, ni republicana. Es una intuición moral que la Escritura sostiene desde Génesis hasta Apocalipsis. Y los cristianos hispanos, sin importar a quién hayan votado, deberían entender por qué.

La parábola que Jesús no contó en abstracto

Cuando Jesús quiso enseñar sobre la administración de bienes ajenos, no eligió una metáfora abstracta. Eligió la historia de un administrador puesto en aprietos por su jefe. La parábola del administrador injusto (Lucas 16:1-13) empieza con una escena que cualquier funcionario público hoy reconocería: alguien acusado de mal manejo, llamado a despacho, obligado a presentar números.

La parábola es incómoda. Pero la frase que la corona, ya sin metáfora, es la que más quiero que recuerdes esta semana.

"El que es fiel en lo poco también lo será en lo mucho; y el que no es honrado en lo poco tampoco lo será en lo mucho.", Lucas 16:10 (RVR1960)

Jesús está hablando con sus discípulos, gente sin poder político, en una Galilea ocupada por Roma. No les está enseñando teoría de gobierno. Les está enseñando una ética de mayordomía que se aplica al granjero, al pescador, al recaudador de impuestos, y, por extensión, al funcionario público de cualquier época. La fidelidad no es un atributo que se enciende cuando llega el cargo grande. Se forma en lo pequeño, antes.

Cuatro pasajes sobre el poder que rinde cuentas

Antes de pasar a aplicaciones, vale la pena leer cuatro pasajes con cuidado. No como proof-text para una postura política, sino como un mapa que la propia Biblia construye sobre el poder, la autoridad y la cuenta que tarde o temprano se rinde.

"Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él... pues está al servicio de Dios para tu bien.", Romanos 13:1, 4 (RVR1960)

Pablo escribe esto desde Corinto, alrededor del año 57 d.C., a una iglesia que vive en Roma bajo el emperador Nerón. Nerón. Conviene recordarlo porque cambia la lectura. Pablo no está justificando a un gobierno cómodo. Está diciendo algo más radical: incluso bajo un emperador hostil al cristianismo, la autoridad civil tiene un origen y una finalidad que vienen de Dios. La palabra clave en el versículo 4 es diákonos: servidor, ministro. El gobernante, según Pablo, no es dueño del poder, es servidor de Dios para el bien del gobernado.

Eso cambia el marco. Si el funcionario es servidor, no dueño, entonces rendir cuentas no es una humillación. Es coherencia con la naturaleza misma del cargo. John Stott, leyendo este pasaje, decía que la sumisión cristiana a la autoridad no es servilismo ciego, sino respeto al diseño de Dios para que la justicia sea posible entre humanos caídos.

"Sin dirección, la nación fracasa; la victoria se alcanza con muchos consejeros.", Proverbios 11:14 (RVR1960)

El libro de Proverbios circula en el ambiente sapiencial del Israel monárquico. Mucho de su material se atribuye a Salomón, rey gobernando un reino próspero pero ya tensionado por sus propios excesos. Y la sabiduría que ese rey heredó dice algo que parece obvio pero no lo es: ningún gobernante sobrevive sano sin voces que lo confronten. La palabra hebrea para "consejeros" (yo'ets) implica deliberación, contradicción amable, perspectiva externa. Sin eso, el poder se devora a sí mismo.

Una sesión del Congreso, en su forma idealizada, es exactamente eso: un espacio donde el gobernante encuentra muchos consejeros, algunos amistosos y otros no. Cuando esa función se debilita, la advertencia bíblica no es vaga. Es práctica: la nación fracasa.

"¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!", Mateo 25:21 (RVR1960)

La parábola de los talentos cierra el ciclo. Jesús se la cuenta a sus discípulos en la última semana antes de la cruz, en el monte de los Olivos, mirando hacia Jerusalén. Sus oyentes son hombres a punto de heredar una misión imposible: predicar un reino sin armas en un mundo lleno de poder. La parábola les enseña que el día de rendir cuentas llega para todos, no como amenaza, sino como dignidad. Solo se le pide cuenta a quien se le confió algo. Los talentos no son del siervo. Y, sin embargo, el siervo va a ser tratado como protagonista de la cuenta final.

Aquí entra Cristo en el centro. Porque mientras todos los administradores humanos fallan en algún punto, el evangelio anuncia un mayordomo perfecto: Jesús, que tomó lo que el Padre le confió, que no enterró nada, que no se quedó con lo ajeno, y que rindió cuentas con su propia vida. Esa es la única razón por la que un cristiano puede mirar la fragilidad de la política sin cinismo: no porque crea que los gobernantes serán buenos, sino porque sabe que hay Uno que ya lo fue, y que sigue rigiendo todo lo que se ve y lo que no.

Abraham Kuyper resumió la consecuencia con una frase que cito porque la creo verdadera: "no hay una pulgada cuadrada del universo sobre la cual Cristo no diga: es mío". Eso incluye la oficina de cualquier vocero, en cualquier gobierno, en cualquier país.

Tres movimientos interiores, no una lista de acciones políticas

No te voy a entregar una lista de acciones políticas. Te voy a proponer tres movimientos interiores, que son los que de verdad cambian la forma en que lees una noticia como esta.

Primero, lee la noticia como si tú fueras el funcionario. No como si fueras el contrario político de Adorni. No como si fueras su simpatizante. Ponte por un minuto en el lugar de quien tiene que abrir los libros. La pregunta no es si te conviene rendir cuentas. La pregunta es si podrías hacerlo bien hoy en tu propio rincón. En tu hogar, en tu trabajo, en tu iglesia local. Si la respuesta te incomoda, la noticia ya hizo su trabajo.

Segundo, ora por nombres antes que por bandos. Por Manuel Adorni. Por Javier Milei. Por Esteban Paulón. Por los diputados que firmaron y por los que no. Pídele a Dios sabiduría real para cada uno, no aplauso para los tuyos y juicio para los otros. Esa oración duele, porque desarma el reflejo partidista, y eso es justamente lo que tiene que pasar.

Tercero, no le entregues tu identidad cristiana a un partido. Si lo que crees sobre Cristo se ha vuelto indistinguible de lo que crees sobre un presidente, algo se rompió. El Reino de Dios no cabe en una boleta. Y la rendición de cuentas que la Biblia exige al funcionario público es la misma que exige al pastor, al padre de familia, al empleado, al ciudadano. No hay excepciones por color de camiseta.

¿Quién es fiel en lo poco?

Hay noticias que piden indignación. Hay otras que piden indignación apurada y se la damos sin pensar. Esta no es de las primeras. Es de las que piden algo más raro en una semana ruidosa: pensar despacio.

El Congreso argentino sesionará. Adorni hablará, o no hablará. El gobierno responderá, la oposición presionará, los titulares cambiarán mañana. Y aun así, debajo de todo eso, la pregunta que Jesús deja en Lucas 16 seguirá estando: ¿quién es fiel en lo poco?. No es una pregunta sobre Adorni. Es una pregunta sobre cualquiera que reciba algo de manos de otro y deba devolverlo, explicarlo, o dar cuenta de él.

Quizás esta semana, antes de tener una opinión sobre la sesión especial, vale la pena tener una oración. No una oración por el resultado político. Una oración para mirarte a ti mismo y preguntarte qué cosas te fueron confiadas, y cómo van. La administración pública de un país descansa, al final, sobre miles de pequeñas administraciones privadas. La de tu hogar es una. La del fondo común de tu iglesia es otra. La del tiempo que Dios te ha dado, también.

¿En qué cosa pequeña te está pidiendo Dios, esta semana, ser fiel antes de pedirte ser fiel en algo grande?