Imagina que vives en Irkutsk, en Siberia, y que tu propio gobernador recomienda no ir a Shélejov, un suburbio de la ciudad, por "una infección particularmente peligrosa". Poco después, borra la publicación.
Eso cuenta El País en un reportaje publicado el 12 de octubre desde Irkutsk. En Shélejov fue hospitalizada una investigadora de 28 años del Instituto contra la peste de Irkutsk. Según la versión oficial de Rospotrebnadzor, la agencia rusa de salud pública, murió el 2 de octubre por "una neumonía de etiología no determinada".
Más de cinco mil pruebas y una pregunta abierta
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), citada por CNN en Español, el gobierno ruso informó que puso en cuarentena o bajo estrecha vigilancia a unas 200 personas que habían tenido contacto con ella.
El 6 de octubre, Rusia respondió a la OMS que "no se había informado recientemente de ningún caso de peste", recoge CNN. Al día siguiente, según Nature, funcionarios rusos revelaron que la investigadora estaba vacunada contra la peste y que miles de pruebas no habían encontrado patógenos peligrosos ni en ella ni en las personas que pudieron estar expuestas. El Kremlin le dijo a CNN que ha mantenido informada a la OMS según la práctica establecida, recoge la revista.
El 8 de octubre, el gobernador de la región, Ígor Kobzev, dio la crisis por cerrada. "Se levanta la cuarentena", dijo, según El País, y aseguró que las más de 5.000 pruebas "no han identificado problemas de salud relacionados con patologías infecciosas".
La OMS pide más. "No tenemos una visión completa de este suceso y no podemos realizar una evaluación de riesgos exhaustiva", declaró el 7 de octubre su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, citado por CNN. Según El País, la OMS exige saber, entre otras cosas, qué causó la muerte. El diario enumera las preguntas que siguen abiertas: por qué algunas autoridades mencionaron un caso de peste, por qué hizo falta una reunión de emergencia y por qué se vigiló a cientos de personas.
Una calle tranquila y un miedo que viaja
En internet, el miedo tomó la forma de la peste negra. Gregory Koblentz, especialista en bioseguridad de la Universidad George Mason, le explicó a Nature por qué ese escenario no es realista: la bacteria Yersinia pestis está muy estudiada, se trata con antibióticos y existen vacunas. Según Koblentz, la OMS describió un riesgo bajo para quienes viven en Irkutsk, menor para el resto de Rusia y extremadamente bajo para Europa y el mundo. A los rumores sobre el instituto responde que la peste es endémica en esa región, y que por eso hay razones legítimas de salud pública para estudiarla allí. Lo que preocupa a los especialistas en bioseguridad, resume la revista, es la falta de transparencia.
En las calles de Irkutsk, El País encontró lo contrario del pánico. Nadie lleva mascarilla. "Todo está bien, todo está normal" es la frase que repiten los vecinos. "No sabemos de qué murió la chica", le dijo un hombre al diario. Y, aun así, una revisión del diario local Liudi Baikala en 15 farmacias encontró, al comienzo de la crisis, que "algunas se quedaron sin antibióticos".
Leo esto desde lejos y reconozco en mí las dos reacciones: la que imagina lo peor con cada titular, y la que se encoge de hombros porque nadie confirma nada. Las dos crecen en el mismo hueco, el que hay entre lo que se dice y lo que se sabe.
¿Qué hace un creyente con lo que todavía no se sabe, cuando la información tarda y el miedo no?
Segundo toque
Cinco gorriones por dos moneditas
Lucas sitúa una enseñanza de Jesús en medio de una multitud enorme: "se habían reunido millares de personas, tantas que se atropellaban unas a otras" (Lucas 12:1, NVI). Jesús se dirige primero a sus discípulos, y los llama amigos:



