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Rusia lanza 656 drones contra Ucrania: la noche más larga

La madrugada que rompió un récord

La madrugada del martes 2 de junio, mientras la mayoría de los hogares ucranianos todavía estaban a oscuras, la Fuerza Aérea contaba en tiempo real lo que entraba al cielo: 656 drones de larga distancia y 73 misiles. Fue, según la propia fuerza aérea ucraniana citada por La Jornada, el ataque combinado más grande contra blancos civiles e infraestructura en lo que va del año.

Cuando salió el sol había 23 muertos confirmados, decenas de heridos y daños en al menos 38 puntos repartidos entre Kiev, Dnipró, Járkov y otras seis regiones. En Dnipró cayeron doce personas. En Kiev, seis. Las defensas ucranianas habían interceptado 602 drones y 40 misiles, una cifra que en cualquier otra guerra parecería heroica. En esta dejó pasar 33 drones y 33 misiles.

He estado siguiendo Ucrania hace cuatro años y todavía no encuentro la palabra correcta para esa aritmética. Cada vez que las defensas mejoran, Rusia añade volumen. Cada vez que Ucrania resiste, el siguiente ataque trae más cabezas, más velocidad, más fuego.

La aritmética que ya no convence a nadie

Rusia presentó la operación como represalia por un ataque ucraniano del 22 de mayo a un dormitorio estudiantil en Lugansk que dejó 22 muertos. Esa narrativa, la del «ojo por ojo», es la única que el Kremlin sostiene desde hace tres años. Las cancillerías occidentales hablan de «escalada deliberada». Las agencias humanitarias hablan de «ataque a infraestructura crítica» porque varios de los misiles golpearon plantas energéticas justo antes del invierno boreal.

Los analistas militares notaron algo distinto. Por primera vez Rusia lanzó en un solo ataque ocho misiles hipersónicos Zircon, según el reporte de La Jornada. Ninguno fue interceptado. Eso significa que la mejor defensa antiaérea del este de Europa todavía no tiene respuesta para una clase de proyectil que viaja a más de ocho veces la velocidad del sonido. La carrera entre escudo y espada se está perdiendo del lado del escudo.

Y mientras esto pasaba en Ucrania, drones ucranianos golpeaban infraestructura en San Petersburgo, horas antes de la inauguración del foro económico convocado por Vladimir Putin, según CNN en Español. El mundo se acostumbra a leer este intercambio como si fuera deporte. La fe cristiana no puede.

Cuando la noticia ya no es noticia

Hay un fenómeno que la prensa internacional reconoce con incomodidad: Ucrania dejó de ser portada. La guerra entró al cuarto año y la atención del lector global se desplazó al Medio Oriente, a las elecciones latinoamericanas, al precio del petróleo. En las redacciones lo llaman fatiga de cobertura. En la vida real significa que una madre en Dnipró pierde a sus dos hijos y la noticia entra en bloques cortos, en la mitad del informativo.

Eso no es neutro. Lo que dejamos de mirar lo dejamos de orar.

¿Dónde está Dios cuando caen 656 drones?

Hay una pregunta que el lector cristiano tiende a hacer en estos momentos. ¿Dónde está Dios cuando 656 drones caen sobre familias durmiendo? Es la misma pregunta que el salmista llevaba al templo cada vez que el imperio asirio o babilónico se llevaba a sus hijos. Es la misma pregunta que Juan, exiliado en Patmos por orden de Domiciano, escuchaba en las cartas que recibía de iglesias bajo persecución activa.

La respuesta no llega como manual. Llega como compañía. En Apocalipsis 6, Juan ve almas debajo del altar clamando «¿hasta cuándo?». Dios no contesta con una fecha. Contesta con una promesa y con una pausa. Esa visión no fue dada para hablar del futuro lejano. Fue dada para sostener iglesias que estaban siendo perseguidas mientras Juan escribía. Los cristianos ucranianos, ortodoxos y evangélicos, llevan más de mil días sentados en esa misma fila.

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