La Guaira, ocho días después, todavía cuentan cuerpos
El 24 de junio dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 se registraron con menos de un minuto de diferencia en el norte de Venezuela. La zona más golpeada fue el estado de La Guaira y el Distrito Capital de Caracas. Ocho días después, el 2 de julio, la cuenta oficial supera los 2.000 muertos y la ONU procura 10.000 bolsas para cadáveres, según reportó el organismo en su boletín del 29 de junio.
Hay noticias que uno quisiera cerrar, apagar el celular, y pensar en otra cosa. Esta no permite eso. Porque cada cifra tiene apellido, y cada casa colapsada tenía una mesa donde una familia cenaba la noche del 24.
Los números que la ONU verificó
El resumen de Naciones Unidas, con corte al 29 de junio, es duro. Al Jazeera reportó 1.450 víctimas mortales al cierre del 28 de junio. La ONU actualizó a 1.719 al día siguiente. Euronews llegó a 1.943 el 30 de junio. Brussels Signal confirmó el paso de las 2.000 víctimas el 1 de julio.
Los datos que la ONU verifica y publica:
- 12.000 personas desplazadas de sus viviendas.
- Cerca de 5.000 heridos que llegaron a los hospitales de la capital.
- 2.500 estructuras dañadas, muchas colapsadas por completo.
- Más de 500 réplicas registradas.
- 2.000 rescatistas desplegados desde 27 países, con 160 perros entrenados.
- Tres centros de asistencia habilitados en La Guaira.
Vanessa May, jefa de OCHA en Venezuela, dijo con la prudencia de quien ha visto reconstrucciones más largas de lo esperado: «Esto va a tomar tiempo». Su equipo ya habla de estudios de suelo y planes de reubicación antes que de retorno a las casas viejas.
Quiénes llegaron primero
Antes de que gran parte de la ayuda internacional estatal aterrizara, ya había pastores repartiendo agua embotellada, iglesias abriendo sus templos como albergue, y organizaciones de auxilio cristiano montando hospitales de campaña. The Daily Declaration reportó que agencias como Send Relief, World Vision y Christian Aid estuvieron entre las primeras en llegar con equipos médicos, comida, agua y ayuda psicosocial.
No lo cuento para exaltar una etiqueta denominacional. Lo cuento porque describe algo que la Escritura llama «buenas obras» (Efesios 2:10) y que, en emergencias, se vuelven la señal más leíble del amor de Cristo para quien lo perdió todo. En medio del polvo, alguien te da agua. Ese alguien, muchas veces, es la iglesia local que sobrevivió al sismo y salió a servir.
Por qué esto no es solo «otra noticia trágica»
Venezuela vive una crisis larga. Más de siete millones de venezolanos han salido del país en la última década, según cifras de ACNUR que se han seguido publicando en 2026. Ese éxodo previo es el contexto invisible del terremoto: muchos de los desplazados de hoy ya habían perdido antes. Padres que sostuvieron la casa después de que un hijo emigró. Abuelas que quedaron cuidando nietos.
He estado leyendo los reportes de organizaciones de auxilio y algo se repite. El desplazado interno del 24 de junio suele tener familiares que emigraron en 2018, 2020, 2022. La reconstrucción no ocurre solo sobre concreto: ocurre sobre familias ya golpeadas.
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