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Inflación cede en Argentina, pero la mesa de la casa cuesta más

Lo que se decide en el Banco Central y lo que se vive en la cocina

Hay datos que llegan del Banco Central y datos que llegan de la cocina, y muchas veces no cuentan la misma historia. El miércoles 11 de junio, el INDEC informó que la inflación de mayo en Argentina fue del 2,1%, el número más bajo en muchos meses. Para los economistas, es una victoria. Para los gobiernos, una buena noticia política. Para la madre que esta semana volvió de la verdulería con menos cosas en la bolsa por el mismo dinero, la victoria no se sintió.

Esta nota es para esa madre, ese padre, ese jubilado, esa pareja joven, y para los lectores que en cualquier país de la región leen estos titulares con la misma sensación: los números van mejorando, mi semana no.

Qué dijo el INDEC

Según la cobertura del medio argentino La Nación y la información oficial del INDEC, publicada el 11 de junio de 2026, la inflación de mayo fue del 2,1%, por debajo de lo que esperaba el mercado. La cifra interanual ya está en 33,2%, una desaceleración significativa frente a las cifras de tres dígitos del año pasado. El acumulado de 2026 va en 14,7%.

Hasta ahí, números para celebrar.

El problema es lo que aparece debajo. La Canasta Básica Total (CBT), que es lo que una familia tipo de cuatro personas (papá de 35 años, mamá de 31, dos hijos de 6 y 8) necesita por mes para no caer en la línea de pobreza, llegó en mayo a 1.498.741 pesos argentinos. Aproximadamente, según tipo de cambio oficial del mes, US$1.250. Esa canasta subió 2% en mayo, casi igual que el IPC general.

Pero la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que es solo la comida de esa misma familia, subió 2,4%, por encima del IPC. Es decir, la comida específicamente subió más rápido que el promedio. Eso, traducido a la cocina, significa lo que la madre ya sintió: la inflación bajó en el agregado, pero la mesa pesa cada vez más.

Tres lecturas que circulan en los medios

La primera lectura, oficialista, dice que el rumbo funciona. Estamos en el camino, hay que aguantar, los resultados de fondo van a llegar. Es honesto reconocer que la desaceleración existe.

La segunda lectura, opositora, dice que la baja del IPC general esconde un retroceso real del salario y el ingreso jubilatorio frente a los alimentos. La gente «no llega a fin de mes» aunque los números macro mejoren.

La tercera lectura, técnica, dice algo que vale la pena escuchar: la inflación que baja primero en servicios y después en alimentos es típica de procesos de estabilización; va a haber unos meses más en que el ajuste duela más en la cocina que en el bolsillo de servicios. Eso no es señal de fracaso. Es la fase normal de un proceso doloroso.

Las tres pueden ser verdaderas a la vez.

La mesa cristiana cuando los números bajan menos que la comida

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María Paulina Arias
María Paulina Arias
Co-autora SegundoToque.news. Firma: Familia y Vida, Economía y Trabajo, Sociedad y Cultura, Persecución y Libertad Religiosa.

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