Vista panorámica del lago de Albano rodeado de colinas en los Castelli Romani, escenario de la procesión de la Virgen del Lago
Foto: Livioandronico2013 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0

León XIV en el lago de Albano: el perdón que suena a debilidad

El 29 de agosto de 2026 el papa León XIV cruzó el lago de Albano en procesión. Lo que predicó sobre perdonar cuesta más que el gesto histórico.

Veinticinco minutos sobre el agua

El sábado 29 de agosto de 2026, a las seis de la tarde, el papa León XIV celebró misa en una iglesia pequeña a la orilla del lago de Albano, en Castel Gandolfo. Al terminar, la imagen de la Virgen del Lago salió en procesión hasta la playa, la subieron a una lancha del Parque de los Castelli Romani, y él se embarcó también, acompañado por una decena de embarcaciones civiles y lanchas de las fuerzas del orden. El cruce duró unos veinticinco minutos. Según Vatican News, ningún papa había hecho antes ese tramo a bordo.

La fiesta nació en 1954, por iniciativa del párroco Dino Sella, para incluir a la gente que trabajaba alrededor del lago. Pablo VI consagró la iglesia en 1977 y Juan Pablo II la visitó en 1979; los dos participaron en la procesión, por tierra. Todo cae dentro de los 400 años de presencia de los papas en Castel Gandolfo, que empezaron con Urbano VIII en 1626.

Lo que se contó y lo que se dijo

La cobertura se partió en dos. Los titulares se fueron al récord: El Debate y COPE contaron el cruce en barco como el primero de la historia, y el dato es real. La crónica de la homilía se fue por otro lado y tituló con la frase que resume la homilía: "Solo el amor salva". El mismo día se publicó su calendario de septiembre y octubre, con viaje a Francia incluido. En medio de eso, una fiesta de parroquia.

Y en la homilía dijo algo que se sale de la postal. Según la crónica de Vatican News, empezó por la objeción, la que pondría cualquiera: poner la otra mejilla, dicen, es de perdedores; dar ante el rechazo, de ingenuos; perdonar sin límites, de débiles. Y después vino la frase que a mí me frenó en seco: "No nos engañemos. El odio y la violencia no traen nada bueno, sino solo destrucción y muerte, siempre, incluso cuando son respuesta a injusticias sufridas".

La cláusula que casi todos nos reservamos

Ese "siempre, incluso cuando" es donde yo dejo de asentir. En abstracto todos firmamos que perdonar es mejor. Y casi todos guardamos, además, una cláusula para el caso propio: cuando la ofensa fue de verdad grave, cuando el otro sí empezó, cuando lo que está en juego va más allá de mi orgullo y toca a alguien que quiero.

El evangelio que se leyó esa tarde iba justo ahí. Según la misma crónica, era el pasaje en el que Jesús anuncia que tenía que ir a Jerusalén y advierte que el que quiera salvar su vida la va a perder. Es Mateo 16. Así que te dejo la pregunta que quiero contestar en el segundo toque, y que es la mía también: ¿de dónde saca una persona la fuerza para no cobrar lo que le deben, sin que eso termine siendo tragarse la injusticia y llamarla paz?