Asentamiento israelí sobre una colina árida cerca de Jericó, en Cisjordania
Foto: Daniel Case / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0

Doce países restringen el comercio con colonias en Cisjordania

Doce gobiernos anunciaron restricciones al comercio con las colonias en Cisjordania. Qué decidieron, qué responde cada parte y qué pregunta nos deja.

El 8 de septiembre de 2026, doce gobiernos publicaron una declaración conjunta que no habla de ejércitos ni de fronteras. Habla de aduanas.

Lo que decidieron doce gobiernos

Once países europeos y Canadá anunciaron su intención de restringir el comercio de bienes producidos en las colonias israelíes de Cisjordania. Según El Comercio, firman Francia, Reino Unido, Canadá, Dinamarca, España, Finlandia, Irlanda, Islandia, Noruega, Polonia, Portugal y Suecia. Irlanda y España ya habían tomado medidas parecidas.

No todos hacen lo mismo. Infobae detalla que el Reino Unido va más lejos: además de prohibir la importación de bienes, alcanza a quienes presten servicios de construcción, infraestructura, financiación o bienes raíces en esos asentamientos. Los demás estudiarán medidas propias o respaldarán restricciones europeas.

El motivo declarado es el deterioro sobre el terreno. En la declaración conjunta sostienen que "las acciones del gobierno de Israel en Cisjordania están socavando la posibilidad de una solución de dos Estados". El canciller francés, Jean-Noël Barrot, lo resumió así: "Cisjordania está al borde de la explosión". El ministro británico Ed Miliband anunció que "vamos a instaurar una prohibición de importación de productos procedentes de asentamientos ilegales", según France 24.

Para dimensionar el lugar del que se habla: en Cisjordania viven cerca de 3 millones de palestinos y más de 500.000 israelíes en asentamientos, sin contar Jerusalén Este. Es territorio ocupado desde 1967 y, según la legislación internacional que esos gobiernos invocan, todas las colonias allí son ilegales. Esa calificación jurídica es de ellos, no mía.

Lo que responde cada parte

El mismo texto que anuncia las restricciones reconoce, según Infobae, "el derecho de Israel a garantizar su seguridad" y condena el "ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023". No es un documento de un solo tono.

La respuesta israelí llegó el mismo día. La Nación e Infobae coinciden: el canciller Gideon Saar rechazó las acusaciones, ordenó cerrar el consulado general británico en Jerusalén, prohibió la entrada a diez ciudadanos británicos y sacó al Reino Unido de la misión de coordinación para Gaza que encabeza Estados Unidos. El presidente Isaac Herzog llamó a la medida un "grave error de cálculo", y el primer ministro Benjamin Netanyahu sostuvo que su gobierno va a seguir construyendo. El embajador estadounidense Mike Huckabee fue más frontal: "Es discriminación contra el Gobierno israelí. Es discriminación contra el pueblo judío".

Hay un dato que me quedó dando vueltas. Infobae reporta que el comercio entre el Reino Unido y los territorios palestinos ocupados fue de 38 millones de libras esterlinas (unos US$51 millones) en 2025. En plata es poco. Lo que está en juego no es el monto: es la señal. Doce gobiernos decidieron que comprar cierta mercancía los vuelve parte de algo.

La pregunta que me quedó

Ahí es donde esta noticia deja de quedar lejos. Si un Estado puede concluir que comprar cierto producto lo compromete moralmente, la pregunta rebota hacia abajo. ¿Lo que yo compro tiene peso moral? ¿Y qué hago con un conflicto que no voy a resolver, sobre el que no voto y del que solo veo titulares?

Pablo escribió una línea que reconoce ese límite sin fingir que no existe: "Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos" (Romanos 12:18, NVI). Está admitiendo que hay una parte que no depende de ti. La pregunta es qué haces con la que sí.