Seis décadas al frente de la misma compañía. El 18 de septiembre, a los 96 años, Warren Buffett dejó la presidencia.
La compañía es Berkshire Hathaway y el cargo es la presidencia del consejo. Según Expansión, renunció a la presidencia con efecto inmediato. Bloomberg Línea lo cuenta como el cierre de una era y precisa que Buffett queda como presidente emérito y sigue siendo miembro del consejo. Sigue en la mesa, aunque ya no la preside.
El reparto de funciones vale la pena mirarlo despacio. Greg Abel, CEO desde comienzos de 2026 según Bloomberg Línea, continúa a cargo de las decisiones operativas y de capital. Howard Buffett, hijo de Warren, asume la presidencia del consejo. Susan Decker sigue como directora independiente principal. Y Buffett lo resumió en una frase corta: "Greg dirige la compañía; Howard protegerá su cultura y sus valores".
El tamaño de lo que cambia de manos cuesta sostenerlo. Berkshire vale cerca de 1 billón de dólares, un millón de millones de USD, y emplea a casi 400.000 personas, una nómina del porte de una ciudad intermedia entera. Tiene USD 365.500 millones en caja y una cartera bursátil de USD 299.253,6 millones a junio de 2026.
En el desempeño, cada medio mide un tramo distinto. Bloomberg Línea reporta que entre 1965 y 2024 las acciones de Berkshire obtuvieron una rentabilidad anual compuesta de 19,9%, frente al 10,4% del S&P 500, dividendos incluidos, y que en acumulado eso llevó la ganancia de Berkshire a más de 5.500.000% contra cerca de 39.000% del índice estadounidense. Expansión toma toda la gestión de Buffett y reporta un rendimiento anual compuesto de 19,7% para los accionistas, casi el doble del que registró el S&P 500 en el mismo periodo.
Lo que se reparte cuando se reparte una empresa
Lo que más me detuvo fue el reparto. Casi siempre que alguien entrega algo grande entrega una sola cosa, el mando. Aquí se entregaron dos, y a personas distintas: una queda a cargo de que la cosa funcione, otra de que la cosa siga siendo lo que es.
Eso le habla a mucha más gente de la que parece.
Un pastor que entrega su congregación. Un papá que le pasa el negocio familiar al hijo. Una maestra que deja el curso que armó durante veinte años. Una mamá que termina de criar y ve a su hijo salir por la puerta con llaves propias.
En todos esos traspasos están las mismas dos cosas en juego y casi nunca se nombran por separado. La operación se ve, se mide y se entrega en una reunión, con firmas. Lo otro, el alma de lo construido, no tiene acta.
La NVI traduce esa segunda parte con un verbo más exigente que herencia: algo confiado. El griego usa un sustantivo, depósito, y así lo anota la propia NVI al pie ("Lit. el buen depósito"). Un depósito es algo que alguien deja en tus manos y que no te pertenece.
Y ahí queda la pregunta que esta noticia le hace a cualquiera que haya entregado algo. Cuando sueltas un cargo, un negocio, un ministerio o un hijo ya criado, ¿qué estás entregando de verdad, y qué es lo que te llevas contigo?



