787 muertos. Puedes leer esa cifra y seguir pasando la página. O puedes detenerte un momento y pensar en lo que significa: 787 familias que hoy no están completas. 787 sillas vacías en alguna mesa. 165 de esas sillas eran de niños — niñas de una escuela en Minab que el viernes fueron a clases y nunca volvieron.
Hoy no quiero hablar de geopolítica. Quiero hablar de personas.
Las Cifras Detrás del Horror
Según Human Rights Watch, la Media Luna Roja iraní, reportes de Naciones Unidas y medios internacionales:
- 787 personas muertas en Irán según el recuento de la Media Luna Roja
- 165 niñas murieron cuando un ataque impactó una escuela primaria femenina en Minab
- 10 civiles muertos en Israel por ataques iraníes
- 40 muertos en Líbano por bombardeos israelíes
- Muertes confirmadas en Bahréin (1), Omán (1), EAU (3)
- 4 soldados estadounidenses muertos en Kuwait por drones iraníes
- La ONU advierte de una crisis humanitaria creciente con desplazamiento, interrupción de ayuda y colapso de servicios
Cada número es una persona. Cada persona tenía un nombre, una familia, sueños, miedos, una historia que no terminó como debía.
Cuando los Números Dejan de Importar
Hay un fenómeno psicológico que se llama «desensibilización ante las cifras.» A medida que los números crecen, nuestra capacidad de empatía disminuye. Una muerte nos conmueve. Mil nos abruman hasta la indiferencia.
Pero Dios no funciona así:
«¿Acaso no se venden dos gorriones por una monedita? Sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin que lo permita el Padre. A ustedes aun los cabellos de la cabeza están todos contados.» — Mateo 10:29-30 (NVI)
Dios cuenta los cabellos — ¿vas a pensar que no cuenta los muertos?
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