Hoy me desperté con un nudo en el estómago. Al revisar las noticias de la madrugada, lo que temíamos muchos se había materializado: Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva militar masiva contra Irán. Y mientras escribo estas líneas, ya contamos muertos — muchos de ellos niñas.
He orado antes de escribir esta línea. Porque hablar de guerra exige más que información — exige reverencia ante el dolor humano y la humildad de reconocer que no tengo todas las respuestas. Pero sí tengo una Biblia abierta. Y lo que encuentro en ella, lejos de ser un cliché, es profundamente relevante para lo que está pasando hoy.
Qué Sucedió: La Operación Furia Épica
Según reportan El País, Antena 3 y RTVE, las fuerzas armadas de Estados Unidos e Israel lanzaron lo que el Pentágono denominó «Operación Furia Épica» — una serie de ataques aéreos masivos contra objetivos militares y estratégicos en Irán, concentrados en la capital Teherán.
El resultado más impactante: el Ayatolá Ali Jamenei, líder supremo de Irán desde 1989, murió durante los bombardeos. El ejército israelí confirmó que su fuerza aérea ejecutó el ataque con apoyo de inteligencia estadounidense. Irán confirmó oficialmente el fallecimiento y prometió una respuesta «dura y decisiva.»
Las Consecuencias Inmediatas
La respuesta de Irán no se hizo esperar:
- Misiles balísticos y drones fueron lanzados contra bases estadounidenses en Irak, Jordania, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos
- 3 soldados estadounidenses murieron y varios resultaron heridos
- Un misil impactó una escuela primaria de niñas en la provincia de Hormozgan, matando a 148 niñas y dejando cerca de un centenar de heridas
- El riesgo inminente del cierre del Estrecho de Ormuz — por donde transita el 20% del petróleo mundial — provocó un colapso en los mercados globales
El presidente Donald Trump advirtió que la ofensiva «podría prolongarse durante semanas.» Líderes europeos expresaron alarma y pidieron contención a ambas partes.
148 Niñas: El Precio Humano Que Jamás Debería Ser «Daño Colateral»
Necesito detenerme aquí un momento.
148 niñas. Niñas que esta mañana se pusieron el uniforme. Que salieron de sus casas. Que se sentaron en sus pupitres. Y un misil les arrebató la vida mientras aprendían a leer, a sumar, a soñar con un futuro.
No importa de qué lado del conflicto estés. No importa tu posición geopolítica. Cuando mueren niñas en una escuela, algo está profundamente roto en la humanidad. Y eso la Biblia lo sabe mejor que cualquier analista político.
La Guerra y lo Que la Biblia Dice Sobre Ella
Jesús fue directo sobre lo que veríamos en la historia humana. En una conversación privada con sus discípulos en el Monte de los Olivos, les dijo:
«Oirán de guerras y rumores de guerras, pero procuren no alarmarse. Es necesario que eso suceda, pero no será todavía el fin.» — Mateo 24:6 (NVI)
Nota algo crucial: Jesús no dijo «no habrá guerras.» Dijo: las habrá. No como aprobación, sino como diagnóstico de un mundo roto por el pecado. Y añadió algo que necesitamos escuchar hoy: «procuren no alarmarse.» No porque la guerra no importe, sino porque nuestra esperanza no depende de que los gobiernos del mundo hagan paz — depende de Alguien más grande.
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